martes, 15 de julio de 2008

Chistes de Médicos

La medalla

Una adolescente, que se siente mal de salud, va con su padre al médico. El profesional, después examinarla, le dice:

-Mira, lo que te ocurre es que estás embarazada.

La joven lo mira, asustada, y exclama:

-¡No puede ser, si mi padre se entera de esto me mata! ¡No se lo puedo decir!

El galeno la tranquiliza, diciéndole que no se preocupe, que a él ya se le ocurrirá algo que decirle a su progenitor. Sale del consultorio y se encuentra con el papá.

-Doctor, ¿qué le pasa a mi hija?

-Mire, señor, su hija se ha tragado una medalla de la virgen. La medalla y la virgen se la hemos sacado, pero al niño... ¡no ha habido manera!



Problemas de insomnio

-Señor Olmedo, para poder curarse de su insomnio lo primero que debe aprender es a no llevarse sus problemas a la cama.

-¡Si yo eso ya lo sé, doctor! Lo que pasa es que mi mujer no quiere dormir en el cuarto de al lado.



De médicos

-Doctor, doctor, cuando era soltera tuve que abortar seis veces, pero ahora que estoy casada no consigo quedarme embarazada.

-Evidentemente, usted no se reproduce en cautividad.



-Doctor, doctor, creo que me he roto el brazo en varios sitios.

-Pues siga mi consejo y no vuelva a esos sitios.



-Doctor, doctor, no puedo recordar nada.

-Vaya, ¿y desde cuándo tiene usted este problema?

-¿Qué problema?



Visita al psicólogo

-¡Estoy desesperada, doctor!

-¿Qué le pasa, señora?

-¡Mi marido es un hijo de puta!

-Pero, ¿por qué dice eso? ¿Qué le ha hecho?

-¡Él, él... él me besó, doctor!

-¿Pero cómo...? A ver, hagamos algo...

El psicólogo toma a la mujer y la besa.

-¿Soy yo acaso un hijo de puta?

-No, doctor, pero... él me manoseó.

-A ver, a ver...

El psicólogo toma a la mujer y la manosea.

-¿Soy yo acaso un hijo de puta?

-No, doctor. Pero él, además... ¡me hizo el amor!

-A ver, a ver...

El psicólogo desnuda a la mujer y le hace el amor.

-Y bien, ¿soy yo acaso un hijo de puta?

-No, doctor, ¡pero él tiene sífilis!

-¡Hijo de puta!



Dé médicos (5)

-Según los informes, le quedan siete días de vida.

-¿Qué puedo hacer, doctor?

-Váyase a vivir con su suegra: le resultará una eternidad.



-Doctor, estoy perdiendo memoria.

-¿Desde hace cuánto tiempo?

-¿Cuánto tiempo de qué?



Los médicos menos fiables son los cirujanos: manejan cuchillos, se ponen máscaras para que no los reconozcan y usan guantes para no dejar huellas.



De médicos (4)

-No encuentro la causa de sus dolores de estómago. Creo que se debe a la bebida.

-Bueno, doctor. Entonces volveré cuando esté usted sobrio.



-Sufro de erección permanente -le dice un joven a la farmacéutica-. ¿Qué me puede ofrecer?

-Pues esta farmacia, un piso de 250 metros cuadrados, un apartamento en la playa y dos Audi...



Implante de testículos

En un accidente un hombre pierde los dos testículos. En el hospital deciden realizar un trasplante lo más rápido posible, pero no encuentran donantes. Piensan entonces en implantarle dos testículos, o de madera o de metal. El médico más viejo opina que lo mejor será ponerle uno de madera y otro de metal, por si hay rechazo. Técnicamente, la operación es un éxito, pero, por temor a una frustración, los médicos no le cuentan nada del implante al paciente.

Pasan los años y el implantado coincide en una revisión rutinaria con uno de los médicos que le atendió tras el accidente. De forma cauta, el astuto médico decide averiguar la evolución.

—¿Qué tal de la operación?

—Perfecto. Nunca he tenido ninguna molestia.

—¿Y sexualmente...?

—Muy satisfecho. Y tengo dos hijos fabulosos.

—¡No me diga! ¿Y cómo están?

—¡Muy bien! Pinocho empezó este año en la guardería y Robocop está en secundaria.



De médicos (3)

-El tratamiento ha terminado. Ahora ya no creerá usted que tiene enemigos imaginarios.

-Ya no, doctor. Desde que estoy en sus manos todos mis enemigos son reales.



-Doctor, tengo tendencias suicidas. ¿Qué hago?

-Págueme por anticipado, por favor.



-Doctor, cuando era soltera tuve que abortar 6 veces; ahora que estoy casada, no me quedo embarazada.

-Evidentemente, usted no se reproduce en cautividad.



-Doctor, entiendo que se vista de blanco, pero ¿por qué tanta luz?

-Hijo mío, no soy médico: soy San Pedro...



De médicos (2)

-Mi médico es un matasanos: estuvo tratando a mi esposa del hígado durante 20 años, y al final murió del corazón.

-El mío es mejor: si te trata el hígado, seguro que te mueres del hígado.



-A ver, señorita, desnúdese por completo.

-¡Si su colega me revisó hace 5 minutos y me dijo que estoy fantástica!

-Precisamente, quiero comprobarlo...



De médicos

-Doctor, ¿cómo está mi corazón?

-Podría estar mejor, pero no se desanime, durará tanto como usted.



-Doctor, tengo los dientes muy amarillos, ¿qué me recomienda?

-Una corbata marrón.



-Doctor, tengo sida. ¿Qué puede recetarme?

-Tres kilos de ciruelas: uno por la mañana, uno a mediodía y uno por la noche.

-Pero, doctor, ¡me voy a pasar el día cagando!

-Ya, pero así aprenderá para qué sirve el culo.



Gran caries

El dentista le dice a su paciente:

-¡Joder! Tiene usted la caries más grande que he visto en mi vida, la caries más grande que he visto en mi vida, la caries más grande que he visto en mi vida...

Y éste le contesta:

-Bueno, bueno, no tiene por qué repetirlo tanto.

A lo que el dentista responde:

-No lo he repetido. ¡Es el eco! ¡Es el eco! ¡Es el eco...!



Me confunden con un perro

-Doctor la gente me confunde con un perro.

-¿Y eso desde cuándo le ocurre?

-Pues, que yo recuerde, desde cachorro.



Ronquidos

-Doctor, en cuanto me duermo empiezo a roncar.

-¿Son fuertes sus ronquidos?

-¡Sí! Mucho.

-¿Y le molestan a su esposa?

-No estoy casado.

-¿Así que duerme solo? Entonces no creo que eso sea un problema.

-¿Que no es un problema? ¡Me han despedido de cinco empleos a causa de ello!



Muedte de un paciente

En el hospital, se acerca un médico a un grupo en la sala de espera, y les dice:

-¿Familiades de Don Damón Cadetedo?

-Sí, somos nosotros.

-Miden, ciento comunicadles que Don Damón ha muedto.

-¡No me joda!

-Vamo a vé... No ce enteda. Ni mejoda, ni va a mejodá. Etá muedto...



Trilema

Un hombre va al psiquiatra y le dice que sufre de un terrible trilema. El psiquiatra, bastante extrañado, le dice que, hasta donde él conoce, sólo existen los dilemas, y le explica que el dilema se presenta cuando uno se encuentra frente a dos alternativas y no sabe cuál es la mejor o cuál elegir.

-Por ejemplo: usted no sabe si ir al cine o al fútbol, no sabe si ir al gimnasio o a montar.

El paciente le pide que le permita explicarle lo que él considera un trilema.

-Verá, doctor, mi vecino me debe un dinero desde hace tiempo y yo todas las mañanas voy a cobrárselo. Cuando llamo a la puerta de su casa sale su esposa, una muchacha rubia, hermosa, con un camisón totalmente transparente y sin nada debajo. Me saluda muy efusivamente, me toma de la mano y me lleva hasta su cama, donde deja caer su camisón, quedando totalmente desnuda. Seguidamente empezamos a hacer el amor y, cuando estamos en lo mejor, sale de debajo de la cama mi vecino, que es un negro grandote, y me penetra analmente, y eso ocurre todos los días que voy a cobrarle mi dinero.

El psiquiatra lo mira, sorprendido, y le pregunta dónde está el trilema. El paciente le dice:

-Precisamente, doctor, ahí está mi trilema, porque yo ya no tengo muy claro a qué voy a la casa de mi vecino: si a cobrarle el dinero que me debe..., si a hacerle el amor a su esposa..., o a que me sodomice el negro...

Pesadillas

Llega un tipo con un ataque de nervios a ver al psiquiatra y le dice:

-Doctor, llevo tres semanas soñando que mi suegra viene a comerme cabalgando sobre un cocodrilo.

-¿Sí, está seguro?

-¡Sí, doctor! Esos ojos amarillos, esa piel escamosa, esos dientes afilados...

-¡Vaya, es terrible!

-¡Un momento, doctor, aún no he acabado! Ahora voy a describirle al cocodrilo.



Análisis por computadora

Un hombre le dijo a sus amigos:

-Desde ayer me duele mucho el hombro, creo que debería ir al médico.

Uno de sus amigos le dijo:

-No es necesario, hay una computadora en la farmacia que puede diagnosticar cualquier cosa mucho más rápido y más barato que un médico. Simplemente tienes que poner una muestra de tu orina y la computadora te va a diagnosticar el problema, y te va a sugerir qué puedes hacer para solucionarlo. Además, sólo cuesta 5 euros.

El hombre pensó que no tenía nada que perder, por lo que llenó un frasco con orina y fue a la farmacia. Encontró la computadora y puso la muestra de orina dentro de un embudo que había en la máquina. Luego depositó los 5 euros en la ranura. La computadora comenzó a hacer ruidos, a encender y apagar varias luces y, luego de una breve pausa, por una ranura salió un papel que decía:

"Tiene usted hombro de tenista. Frote su brazo con agua caliente y sal. No haga esfuerzos físicos de magnitud. En dos semanas se encontrará mucho mejor".

Más tarde, mientras pensaba en lo maravillosa que era esta tecnología y cómo cambiaría la ciencia médica para siempre, se le ocurrió si la computadora podría ser engañada. Decidió probar si lo podía hacer y mezcló agua del grifo, un poco de orina de su perro, y también orina de su hija y de su mujer. Para terminar se masturbó y puso un poco de semen en la extraña mezcla. Fue a la farmacia, puso la muestra en el embudo y depositó los 5 euros. Después de los sonidos y luces de rigor, la máquina imprimió el siguiente análisis:

"Su agua tiene salmonella, cómprese un purificador. Su perro tiene parásitos peligrosos, llévelo al veterinario. Su hija consume cocaína, llévela a rehabilitación. Su esposa está embarazada de dos semanas, pero usted es estéril, consiga un buen abogado. Y, si no deja de masturbarse, nunca le va a dejar de doler el brazo, ¡capullo!"



Dolor de cabeza

Juan no tenía problemas y era feliz. Un día empezó a sufrir dolores de cabeza, ligeros al principio, pero que fueron aumentando hasta llegar a ser insoportables. Cuando su trabajo y su vida empezaron a ser afectados por este problema, Juan se decidió a ir al médico. El especialista lo examinó, realizó radiografías, muestras de sangre, de heces, de orina, y por fin le dijo:

-Le tengo una noticia buena y una mala. La buena es que puedo curarle sus dolores de cabeza. La mala es que para hacerlo tendré que castrarlo. Usted sufre una rara enfermedad en la que sus testículos oprimen la base de su columna vertebral, y eso le causa dolores de cabeza. La única manera de remediarlo es extirpar sus testículos.

Juan quedó deprimido, pero sus jaquecas empeoraban y, desesperado, decidió someterse a la operación. Al salir del hospital, el dolor de cabeza había desaparecido por completo, pero se sentía abatido y desanimado, como si le faltara una parte de sí mismo (obviamente).

-Lo que necesito es un traje nuevo -se dijo-.

Así que entró en la tienda y pidió un traje. El vendedor lo observó por un momento y dijo:

-Muy bien, talla 44.

-¡Exacto! ¿Cómo lo supo?

-Es mi trabajo -repuso el vendedor-.

Juan se probó el traje, que le quedó perfectamente. Mientras se observaba en el espejo, el vendedor le dijo:

-¿Qué le parece una camisa nueva?

Juan respondió:

-Pues, ¿por qué no?

-Veamos, ha de ser un 34 de mangas y dieciséis de cuello.

-¿Cómo lo supo?

-Es mi trabajo -repitió el vendedor-.

Juan se puso la camisa y, mientras se veía en el espejo, el vendedor le dijo:

-¿Unos zapatos nuevos?

-Por supuesto.

El vendedor echó un vistazo a los pies de Juan.

-Un 42.

-¡Exacto! ¿Cómo lo supo?

-Es mi trabajo -respondió el vendedor -

Mientras Juan admiraba sus zapatos nuevos, el vendedor le preguntó:

-¿Qué le parece si se lleva también unos calzoncillos nuevos?

Juan por un segundo pensó en la operación que acababa de sufrir, y dijo:

-Buena idea.

-Debe ser calzoncillo de talla 36 -dijo el vendedor-.

Juan se rió:

-No, se equivoca. He usado talla 34 desde los dieciocho años.

El vendedor negó con la cabeza:

-No es posible que use 34. El calzoncillo estaría demasiado apretado. Le presionaría los huevos contra la base de la columna y tendría todo el día un tremendo dolor de cabeza.



El sacacorchos

El médico recibe una llamada de urgencia:

-¡Doctor, doctor! ¡Uno de nosotros se ha tragadado un sacacorchos!

-¡Dios mío! ¿Y qué han hecho?

-Hemos tenido que abrir la botella con un tenedor.



Apendicitis

Los médicos estamos acostumbrados a que nos llamen por teléfono a cualquier hora. Una noche me despertó un hombre a cuya esposa ya había atendido antes.

-Siento molestarlo tan tarde -me dijo-, pero creo que mi mujer tiene apendicitis.

Aún medio dormido, le recordé que yo le había quitado el apéndice a su esposa dos años atrás.

-Nadie tiene un segundo apéndice -exclamé-.

-Doctor, quizás usted no haya oído hablar de un segundo apéndice -contestó-, pero sí de que podemos tener una segunda esposa.

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