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martes

Chistes de Curas (2)

Cura granadino en Sevilla

Había un cura granadino que tenía una afición desmedida por el vino. Su fama llegó a oídos del obispo, que lo llamó para decirle:

-Mira, vas a tener que ir tres semanas a decir misa a Sevilla, que se nos ha puesto malo el cura de la parroquia.

-¿Cómo voy a ir yo a decir misa a Sevilla? ¡Si a mí me dan asco los sevillanos!

-Lo siento, pero debes ir.

Finalmente al cura no le quedó más remedio que irse a Sevilla, con un enfado de campeonato. Cuando llegó la hora de decir la primera misa, el cura pensó: "¡Se van a enterar estos cabrones!". Empezó la misa y llegó la hora del sermón:

-Hoy quiero hablaros de Adán y Eva. Adán, hombre honesto, casto y bondadoso, del barrio de la Chana, ¡de Granada! Y Eva, pecadora, que traicionó a Adán, del barrio de las Luces, ¡de Sevilla!

Terminó la misa y todos los sevillanos se acordaron de la madre del cura. Al siguiente domingo, el sermón hablaba de Caín y Abel.

-¡Caín y Abel! Caín, hombre bueno y un ejemplo a seguir, de bondad natural, del barrio del Zaidín, ¡de Granada! Y Abel, pecador y mala persona, que mató a su hermano, que no podía caer ya más bajo, del barrio de Triana, ¡de Sevilla!

Nuevamente los sevillanos le dijeron al cura de todo menos bonito. Las quejas de los parroquianos llegaron hasta el obispo, que llamó al cura y le dijo:

-Mira, esto no puede seguir así, te estás riendo de los sevillanos e inventándote historias. Haz el favor de comportarte, que te queda sólo una misa y tienes que intentar quedar bien con los sevillanos.

-¡Lo que usted mande!

Llegó la hora de la última misa del cura, que tenía el encargo del obispo de dar un sermón sobre el hijo pródigo. "¿Qué hijo pródigo ni que hostias?" -pensó el cura-. "Voy a hablar de la última cena". Y así empezó el sermón:

-Estaba el Señor con sus doce apóstoles cuando dijo Jesús: "Entre nosotros hay uno que me ha traicionado". "¿Seré yo, Señor?", dijo Pedro. "No, hijo mío", contestó Jesús. "¿Seré yo, Señor?", dijo Juan. "No, hijo mío", contestó Jesús. Así fueron preguntando todos los apóstoles, hasta que le llegó el turno a Judas, que preguntó a Jesús: "¿Seré yo, mi 'arma'?"



El precio de la penitencia

Un hombre fue a la iglesia a confesar sus pecados. Muy arrepentido, le dijo al cura:

-Padre, confieso que robé una gallina.

-Reza 3 padrenuestros y devuelve ese animal a su dueño.

-No puedo, padre. ¡Me la comí!

-Bueno, entonces que sean 6 padrenuestros y págale la gallina al dueño.

-Padre... ¡Es que no me acuerdo dónde la robé! Estaba muy borracho.

El cura, enojado, dijo:

-Está bien, reza un rosario completo, y después saca del bolsillo 20 euros y se los das a la primera persona que te encuentres al salir de la iglesia, como penitencia.

El hombre se dirigió al fondo de la iglesia, rezó el rosario y salió a la calle, con los 20 euros en la mano. La primera persona a la que vio al salir fue una chica en la esquina. Se acercó a ella y le dijo:

-Tenga, señorita, 20 euros.

-No, querido, son 50 euros.

-¿Pero cómo 50? ¡El cura me dijo 20!

-Ya..., pero es que el cura es cliente de muchos años...



No jugarás


Un viernes santo, el hombre llegó llorando a la iglesia y le dijo al sacerdote:

-¡Ay, padre! ¡Qué desgraciado soy! Me puse a jugar al poker y he perdido todo mi dinero!

-Eso te pasa, hijo mío, por jugar en viernes santo -le reprochó el sacerdote-.

-¡No me joda, padre! ¿Y los que me ganaron, que día jugaron?




El compromiso del monaguillo


Estaba el cura dando el sermón en misa y le preguntó a Juan, el monaguillo:

-¿Verdad, Juan, que si tú tuvieras dos millones de euros le darías uno a Pedro?

-Sí, padre.

-¿Verdad, Juan, que si tú tuvieras dos casas le darías una a Pedro?

-Sí, padre.

-¿Verdad, Juan, que si tú tuvieras dos coches le darías uno a Pedro?

-Sí, padre.

-¿Verdad, Juan, que si tú tuvieras dos gallinas le darías una a Pedro?

Juan quedó pensativo unos instantes y respondió:

-No, padre.

-¿Pero por qué no, Juan?

-¡Porque dos gallinas sí que tengo, padre!




Bendito caballo


Un apostante empedernido estaba en el hipódromo cuando vio que un cura entraba al área de establos con uno de los propietarios y bendecía a uno de los caballos. En la carrera siguiente el caballo llegó en primer lugar. Intrigado, comenzó a observar que esto se repetía con frecuencia, así que decidió arriesgar todos sus ahorros. Al día siguiente siguió los movimientos del cura y apostó todo al caballo al que acababa de visitar. Comenzó la carrera esperada y el caballo elegido no sólo no ganó, sino que llegó en último lugar, a mucha distancia de los demás. Terriblemente acongojado, el apostante buscó al cura y le rogó que le dijera qué era lo que había salido mal. El sacerdote suspiró y dijo:

-¡Ah, es una lástima! Ese es el problema de no saber distinguir entre una bendición y una extremaunción.




Daños colaterales

Un hombre mayor, italiano, que vivía en las afueras de Nápoles, el pasado otoño de 2008 fue a la iglesia local a confesarse. Cuando el sacerdote abrió el confesionario, el hombre dijo:

-Padre, durante la Segunda Guerra Mundial, una mujer preciosa llamó a mi puerta y me pidió que la escondiera del enemigo. Así que yo la escondí en mi desván.

-¡Es maravilloso lo que hiciste, hijo! -contestó el sacerdote-. No tienes que confesarte por eso.

-No, padre, es que ella empezó a agradecérmelo con favores sexuales.

-Estando en gran peligro y bajo esas circunstancias dos personas pueden estar tentadas a actuar así. Pero si lo sientes verdaderamente estás perdonado de hecho.

-Gracias, padre. Esa es una gran carga que saca de mi alma. Pero tengo una duda más.

-¿Y cuál es, hijo?

-¿Cree usted que debería decirle que la guerra ha terminado?



El cura y el alcalde

Un burro muere frente a una iglesia. Al cabo de una semana el cuerpo aún sigue allí. El sacerdote se decide a llamar al alcalde:

-Alcalde, tengo un burro muerto hace una semana frente a la iglesia.

El alcalde, enemistado con el cura, responde:

-Pero padre, ¿no es el Señor quien tiene la obligación de cuidar de los muertos?

-Así es. Pero también es mi obligación avisar a los parientes.



Un cura en Alaska

Un cura es enviado a Alaska. Un obispo lo va a visitar un año más tarde y le pregunta:

-¿Y cómo le va por acá?

-Bueno, si no fuera por mi rosario y mis dos whiskys al día, estaría perdido. A propósito, ¿gusta un whisky?

-Sí, por favor.

-Rosario, por favor, tráele un whisky al obispo.


Chistes de Curas

Arrepentido

Un hombre muy arrepentido se confiesa con un cura en la iglesia:

-Padre, he pecado. Ayer estaba solo en la casa con la niñera y, ¿usted sabe?, los dos solos, la casa sola...

-Pero, hijo mío, ¡qué terrible!

-No, padre, eso no es todo. Cuando se fue la niñera llegó una amiga de mi hermana, pero, como mi hermana no estaba, ¿usted sabe?, los dos solos, la casa sola...

-Pero, hijo mío, ¿cómo es posible?

-Pero es que no termina la cosa ahí, padre. Luego se fue la amiga, llegó mi novia y, ¿usted sabe?, los dos solos, la casa sola... ¿Padre? ¡Padre...! ¿Esta ahí todavía?

El hombre mira dentro del confesionario y no ve a nadie. Lo busca por todos sitios y, al mirar hacia arriba, ve que ha subido al campanario.

-¡Padre! ¿Qué hace ahí arriba? Baje, que aún no he terminado...

-¡De ninguna manera! ¿Tú sabes?, los dos solos, la iglesia sola...



El crimen del padre Gumaro

El nuevo padre de la parroquia estaba tan nervioso en su primer sermón que casi no consiguió hablar. Antes de su segundo sermón, el domingo siguiente, preguntó al arzobispo cómo podría hacer para relajarse.Este le sugirió lo siguiente:

-La próxima vez, coloque unas gotitas de vodka en el agua y verá que, después de algunos tragos, va a estar más relajado.

El domingo siguiente el padre aplicó la sugerencia, pero no contó el número de gotas y se pasó, pero, en efecto, se sintió tan bien que podría haber predicado hasta en medio de una tempestad, su emotividad causó hasta desmayos y hubo una mezcla de conmoción y emoción extrema entre los feligreses. Al finalizar el sermón, ya totalmente relajado, regresó a la sacristía y encontró una nota del arzobispo que decía lo siguiente:

"Apreciado Padre Gumaro:

La próxima vez, coloque unas gotas de vodka en el agua, y no unas gotas de agua en el vodka. Le adjunto algunas observaciones para que no se repita lo que vi en el sermón de hoy:

-No hay necesidad de poner limón y mucho menos escarchar con sal el borde del cáliz.

-Aquella caseta, al lado del altar, es el confesionario y no el cuarto de baño.

-Evite apoyarse en la imagen de la Virgen, y mucho menos abrazarla y besarla.

-Existen 10 mandamientos, y no 12.

-Los apóstoles eran 12 y no 7, y ninguno era enanito.

-Caín asesinó a Abel, no le partió la cara.

-No nos referimos a nuestro Señor Jesucristo y sus apóstoles como 'J.C. & Compañía'.

-No nos referimos a Judas como el 'cabrón lengua larga'.

-No debe tratar al Papa por 'El Padrino'.

-Bin Laden no tuvo nada que ver con la muerte de Jesús.

-El agua bendita es para bendecir y no para refrescarse la nuca.

-Nunca rece la misa sentado en la escalera del altar, y mucho menos con el pie sobre la Biblia.

-Las hostias son para distribuirlas en el pueblo. No deben ser usadas como aperitivo para acompañar el vino, y no saben mejor con atún o anchoas.

-Los pecadores van al infierno y no a joder a su madre.

-La iniciativa de llamar al público para bailar fue buena, pero eso de hacer el trenecito por toda la iglesia no lo fue.

-El 'Aserejé' no es un salmo.

Atentamente,

El Arzobispo

P.D. Y aquél sentado en el rincón del altar, al cual usted se refirió como 'mariquita' y 'trasvesti con faldita', ¡era yo!"



La prueba final

Doce candidatos a sacerdote iban a ser ordenados. La prueba final consistía en formar en línea recta, totalmente desnudos, en el jardín, mientras una sexy, hermosa y bien dotada bailarina exótica, totalmente desnuda, realizaría un excitante baile oriental. A cada aspirante se le había amarrado una campanilla en el pene y se les advirtió que al que hiciera sonar la campanilla no se le ordenaría sacerdote, ya que eso demostraría que no había llegado a alcanzar el estado de pureza espiritual que se requería.

Es así como la bella dama inició su excitante baile delante del primer candidato. Éste aguantó el espectáculo estoicamente, y no hubo reacción alguna. Y lo mismo sucedió con el segundo, y el tercero, y el cuarto. El prior estaba maravillado. Cuando la bailarina llegó al último, la campanilla empezó a sonar y a saltar como loca, tanto que se le salió y cayó al suelo. El candidato, todo avergonzado, se agachó a recogerla y... ¡todas las campanillas empezaron a sonar!



Sacristán confesor

Un cura tenía que ausentarse de su parroquia por una cita con el obispo en la ciudad. Llamó al sacristán y le dijo:

-Mira, hijo, mañana es el día de la confesión y yo tengo que ausentarme. Tendrás que darla tú.

-¡Pero, señor cura! ¡Yo no estoy preparado!

-Tranquilízate, que eso es fácil. Deja que venga un creyente y verás.

Llegó un creyente y pidió confesar.

-Padre, he pecado.

-¿Qué has hecho?

-Me hice una paja.

-¿Una sola?

-Bueno..., fueron dos.

-¿Dos?

-La verdad es que fueron tres.

-Está bien. Reza tres avemarías y deja 20 euros en el cepillo.

El padre se dirigió entonces al sacristán:

-¿Te has fijado? Ya has visto lo fácil que es.

Al día siguiente el cura se fue y el sacristán ocupó su lugar en el confesionario. Al rato, llegó el primer pecador.

-Padre, he pecado.

-¿Qué has hecho, hijo?

-Me hice una paja.

-¿Una sola?

-Bueno, no, fueron dos.

-¿Dos?

-Sí, dos.

-¿Pero estás seguro que fueron dos nada más?

-¡Que sí, padre, que fueron sólo dos!

-Entonces vete a tu casa y te haces otra, porque estamos de ofertas. ¡Aquí son tres pajas por 20 euros!



Sermón interesado

El cura recitaba su sermón:

-Queridos feligreses: ha llegado a mis oídos el rumor de que se ha instalado cerca de la iglesia una casa de esas, de mala reputación, donde trabajan mujeres de la vida. Pues bien, ándense con cuidado, eviten la tentación y el pecado. Sepan que alguna de esas mujeres les puede contagiar una enfermedad venérea. Y luego, ustedes llegan a sus hogares y se la pasan a sus esposas... ¡y ahí sí que nos jodemos todos!



Confesión


-Padre, perdóneme porque he pecado.

-Dime, hija, ¿cuáles son tus pecados?

-Padre, el demonio de la tentación se apoderó de mí, pobre pecadora.

-¿Cómo es eso, hija?

-Es que cuando hablo con un hombre tengo sensaciones en el cuerpo que no sé como describirlas...

-Hija, por favor, que también soy un hombre...

-Sí, padre, por eso vine a confesarme con usted.

-Bueno, hija, ¿y cómo son esas sensaciones?

-No sé cómo explicarlas. Por ejemplo, ahora mi cuerpo se rebela a estar de rodillas y necesito ponerme más cómoda.

-¿En serio?

-Sí, quiero relajarme y quedarme tendida...

-Hija, ¿tendida cómo?

-De espaldas al suelo, hasta que se me pase la tensión...

-¿Y qué más?

-Es como que tengo un sufrimiento que no le encuentro acomodo.

-¿Y qué más?

-Como que espero un poco de calor que me alivie...

-¿Calor?

-Calor, padre, calor humano, que lleve alivio a mi padecer...

-¿Y cómo de frecuente es esa tentación?

-Permanente, padre. Por ejemplo, ahora me imagino que sus manos sobre mi piel me darían mucho alivio...

-¡Hija!

-Sí, padre, perdóneme, pero me urge que alguien fuerte me estruje entre sus brazos y me dé el alivio que necesito...

-¿Por ejemplo yo?

-Por ejemplo, usted es la clase de hombre que imagino me puede aliviar.

-Perdóname, hija mía, pero necesito saber tu edad...

-Setenta y cuatro, padre.

-Hija, vete en paz, que lo tuyo es reumatismo...



La sobrina del párroco


La sobrina del párroco regresa a su casa después de mucho tiempo de haberse ido. El tío comienza a regañarla, diciéndole:

-¿Dónde estuviste tanto tiempo, desgraciada? Porque ni siquiera escribías. Tu madre ha estado desesperada.

La muchacha, llorando, le contesta:

-Perdonadme todos, me tuve que hacer prostituta.

-¡Largo de aquí, desvergonzada! ¡Mala mujer, Dios te castigará!

-Como ordenes. Yo sólo vine a entregar este abrigo de visón y las escrituras de una casa a mi mamá, una cuenta de ahorros con 5 millones de dólares a mi hermanito y este Rólex de oro y el cadillac negro que está en la puerta para tí, querido tío.

-¿En qué dijiste que te has convertido, niña? -pregunta el párroco, algo confundido y suavizando el tono-.

-En prostituta.

-¡Ah, qué susto! ¡Yo había entendido protestante!



La vela

La Sra. Donovan caminaba por la calle O'Connell de Dublín cuando se cruzó con el padre Rafferty. El padre le dijo:

-Muy buenos días, ¿no es usted la Sra. Donovan, a quien casé hace dos años?

-Efectivamente, padre, soy yo.

-¿ No han tenido niños aún?

-No, padre, aún no.

-Bueno, la semana próxima viajo a Roma, así que, si quiere, encenderé una vela por usted y su esposo.

-¡Oh, padre, muchas gracias! Le estaremos muy agradecidos.

Años más tarde se encontraron nuevamente. El sacerdote preguntó:

-Bueno, Sra. Donovan, ¿cómo se encuentra usted ahora?

-Muy bien, padre.

-Por favor, dígame, ¿han tenido niños ya?

-Oh sí, padre, tres pares de mellizos y cuatro criaturas más. En total diez.

-¡Bendito sea el Señor! ¡Qué maravilla! ¿Y dónde está su amante esposo?

-Camino de Roma, a ver si puede apagar la puta vela.



El hijo del cura

Un cura rural nota que se le está hinchando mucho la barriga y acude al hospital. Los médicos que lo atienden se dan cuenta inmediatamente de que es una simple acumulación de gases, pero deciden gastarle una broma. Lo anestesian y con medicación consiguen rebajarle la hinchazón, le colocan a su lado a un bebé recién nacido huerfanito y, cuando despierta de la anestesia, le dicen que ha dado a luz y que ese es su hijo. El cura, muy preocupado, decide volver a la parroquia con el bebé, diciendo a sus feligreses que es un sobrino al que se le ha muerto su madre y que lo va a tener con él.

Pasan los años, el bebé ya es un hombre de más de 20 años y el cura, enfermo en su lecho de muerte, lo llama. El presunto sobrino se acerca y le dice:

-¿Qué quieres, tío?

-Precisamente de eso te quería hablar.

-No necesitas decirme nada, ya hace mucho tiempo que sospechaba que no eras mi tío, sino que eras mi padre...

-No, hijo, no... No soy tu padre, sino tu madre. ¡Tu padre es el Obispo!



Equivocado

Un hombre va a la iglesia. Cuando está arrodillado al lado del confesionario le dice al sacerdote:

-Padre, lo que yo necesito es un Mercedes Benz 300 SE, con aire acondicionado, transmisión automática y control de velocidad crucero.

El padre, luego de reflexionar un rato, lo mira y le dice:

-Mira, hijo mío. Tú eres tonto o te lo haces. Lo que tú necesitas es ir a un "concesionario", no venir a un "confesionario"...



Pecado grave

Un día se acerca una joven al confesionario y dice:

-Padre, confiéseme, porque he pecado.

-A ver, hija, ¿qué te ha pasado?

-Padre, ayer me acosté con el cura de la parroquia vecina...

-¡Muy mal hecho, hija, muy mal! Porque debes recordar que tú perteneces a esta parroquia...



Confesionario estropeado

El párroco de una iglesia tiene sospechas de que el sacristán le está robando las limosnas de la iglesia, así que lo afronta durante su confesión:

-Mira, Ramón, ya que estamos bajo el sacramento de confesión y lo que digas se quedará conmigo... dime, hijo, ¿quién está robando las limosnas de la iglesia?

-¿Qué dice, padre? No se oye.

-Ramón, hijo, tú sabes a qué me refiero. Dime, ¿quién está robando las limosnas de la iglesia?

-Padre, ¿qué dice? ¡No se oye nada!

-¿Cómo que no se oye? No me tomes por tonto.

-Padre, de verdad, venga usted para este lado y lo comprobará.

Los dos cambian de lugar y el sacristán le dice:

-A ver, padre: ¿quién se está tirando a la esposa del panadero y a la secretaria de la iglesia?

-Tienes razón, hijo, desde aquí no se escucha absolutamente nada.



Los curas no mienten

Una señora estaba en un avión volviendo de Suiza. A su lado estaba sentado un cura. Entonces ella le pregunta:

-Padre, ¿puedo pedirle un favor?

-Sí, hija mía, ¿qué quieres?

-Mire, compré un depilador eléctrico, súper sofisticado, muy caro, el cual aún no he usado y tengo miedo que supere mi límite en la aduana. ¿Podría usted esconderlo debajo de su sotana?

-Sí, hija, puedo; solamente debo advertirte que yo no sé mentir.

La señora piensa: "¡Ay! Ojalá que nadie le pregunte nada al cura..."

-Está bien, padre, gracias por su ayuda.

Y le da el depilador. Llegando a destino, en el aeropuerto, el agente de aduanas le pregunta al cura:

-¿Algo a declarar, padre?

A lo que el cura responde:

-De la cabeza a la cintura nada que declarar, hijo mío.

Medio extrañado, el agente pregunta:

-Y de la cintura para abajo, ¿qué tiene?

-Allá abajo tengo un instrumento para mujeres que nunca ha sido usado.

Y el agente echa una carcajada y dice:

-¡El próximo de la fila!



La bicicleta del cura

En la misa dominical, durante el sermón, un cura de pueblo, muy enojado, se apoya en el púlpito y dice con tono muy grave:

"El sermón de hoy lo voy a dedicar a ustedes, ladrones, porque ayer sábado me robaron la bicicleta. Cosas como éstas no pueden suceder en este pueblo, y menos en esta comunidad, en la que todos nos conocemos desde pequeños y donde Dios ha sembrado su semilla de dicha y felicidad. Pero eso no quita, ni minimiza, lo que han hecho en el día de ayer: ¡me han robado mi bicicleta!

El primer mandamiento dice: "Amarás a Dios, sobre todas las cosas", pero ustedes no aman a Dios, porque quien roba no ama a Dios, ¡ladrones de mierda!

El segundo mandamiento dice: "No usarás el nombre de Dios en vano", pero quien roba reniega de Dios, pues sin mi bicicleta ahora tengo que caminar bastante para llegar a la otra comunidad y poder predicar su palabra.

El tercer mandamiento dice: "Santificarás el Domingo como día del Señor", pero ustedes no santifican nada porque son unos ladrones, sacrílegos de mierda, que han robado mi bicicleta sin ninguna consideración.

El cuarto mandamiento dice: "Honrarás a tu padre y a tu madre", pero ustedes parece que no tuvieran ni al uno ni a la otra, ¡mierdas!, pues, si no, les hubieran enseñado a no robar.

El quinto mandamiento dice: "No matarás", pero ustedes han matado la ilusión que tenía con mi bicicleta nueva, de manera que ahora mismo me van diciendo quién fue el grandísimo hijo de puta que robó mi bicicleta.

El sexto mandamiento dice: "No fornicarás..."

En eso, el curita se queda pensativo unos segundos y dice, sorprendido:

-¡La madre que me parió! Ya me acordé donde dejé la bicicleta...



Nombramientos

En un seminario, el padre superior esta a punto de ordenar sacerdotes a Pepe, Pepo y Pipo, pero tiene sus dudas acerca de la vocación de estos sujetos, así que compra un "Playboy" y les dice que se aten una campanita en cada pito para saber qué están pensando. Llama a Pepe, y le enseña la portada; inmediatamente se oye "tilin, tilin".

-¡Qué salvajada, qué escandalo! Vaya ahora mismo a tomar una ducha fría, a ver si arreglamos esto.

Llama entonces a Pepo y le enseña la portada, pero no pasa nada, así que le enseña el póster central; entonces se oye "tilin, tilin" y le dice:

-Venga, dese una duchita fría.

Por último llama a Pipo. Le enseña la portada, el póster y toda la revista, pero no pasa nada.

-Muy bien, Pipo, estoy sinceramente orgulloso de ti. Te voy a ordenar sacerdote ahora mismo, pero antes date una ducha con Pepe y Pepo "tilin, tilin, tilin, tilin, tilin, tilin, tilin, tilin, tilin".



Las periquitas

-Padre, tengo un problema.

-Dime, hija, cuál es tu problema?

-Fíjese, padre, que tengo dos periquitas muy bonitas, pero lo único que saben decir es: "¡Hola!, somos prostitutas, ¿quieres divertirte un ratito?"

-Eso está muy mal, hija, pero le propongo algo: yo tengo un par de periquitos a los que he enseñado a leer la biblia y a rezar. Tráigame sus periquitas, las ponemos en la misma jaula con mis periquitos y ellos les enseñarán a rezar y a leer la biblia.

La señora, encantada con la idea, le lleva las periquitas al día siguiente. Al llegar, ve que los periquitos del padre están en su jaulita concentrados, rezando el rosario. Meten a las periquitas en la jaula y, fieles a su costumbre, dicen:

-¡Hola! Somos prostitutas, ¿quieres divertirte un ratito?

Y uno de los periquitos del cura contesta:

-Hermano, ¡guarda los rosarios que nuestras oraciones por fin han sido escuchadas!



Embarazo eclesiástico

Una solterona se entera que una amiga suya había quedado embarazada sólo con un Ave María en la iglesia de un pueblo vecino. Unos días después decide ir a la iglesia con el deseo de quedar encinta al igual que su amiga.

-Buenos días, padre.

-Buenos días, hija, ¿en qué puedo ayudarte?

-Mire, padre, me enteré que una mi amiga vino aquí y quedó embarazada con un Ave María...

-No, hija, fue con un Padre Nuestro, pero ya no está aquí, lo echamos...



El pájaro perdido

Un cura aficionado a la ornitología tenía doce pájaros. Todos los días por la mañana los soltaba para que volaran y éstos siempre regresaban a sus jaulas. Pero un día sólo regresaron once, así que el sacerdote, decidido, en la misa del domingo en la mañana preguntó:

-Queridos hermanos, presten atención a lo que voy a decir. ¿Quién tiene un pájaro?

Todos los hombres levantaron las manos.

-No, disculpen, creo que no me expliqué bien. ¿Quién ha visto un pájaro?

Todas las mujeres levantaron las manos.

-¡No, no! Lo que quiero decir es: ¿quién ha visto mi pájaro?

Todas las monjas levantaron las manos.

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