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jueves

Chistes Picantes (3)

Los siete enanitos y el Papa

Los siete enanitos se fueron de viaje por Europa. Al llegar a Roma, decidieron visitar el Vaticano y pidieron audiencia con el Papa. Al tratarse de los famosos siete enanito, les fue permitido hablar con Su Santidad. Pasaron todos a la sala de audiencias, encabezados por Gruñón. Al llegar, el Papa les saludó:

-Queridos hermanos, ¿queréis preguntarme algo? ¿Hay algo que os inquiete?

Gruñón se adelantó:

-Discúlpeme, Santidad, queríamos saber si en Roma hay monjas enanas.

El Papa, sorprendido, respondió:

-Pues no, en Roma no hay monjas enanas.

Se escucharon algunas risitas y murmullos entre los enanitos. Gruñón miró hacia atrás, molesto, y todos callaron. Volvió éste a preguntar:

-Y en Europa, ¿no hay monjas enanas?

-No, querido hijo, que yo sepa en toda Europa no hay monjas enana.

Todos los enanitos rieron, mientras que Gruñón se puso colorado y preguntó de nuevo:

-¿Y en el mundo? En todo el mundo, ¿no hay monjas enanas?

-No, querido hijo, seguro que en todo el mundo no hay monjas enanas.

Los enanitos, sin parar de reír, saltando y cogidos de las manos, empezaron a cantar a coro:

-Gruñón se tiró a un pingüino, Gruñón se tiró a un pingüino, Gruñón se tiró a un pingüino...



La mira telescópica

Un muchacho fue a una tienda de artículos de caza y le pidió al vendedor que le enseñase la mejor mira telescópica que tuviera para su rifle.

-Ésta es la mejor del mercado. Tanto, que si miras hacia la cima de aquella montaña podrás ver mi casa, e incluso leer el nombre del perro en la perrera.

El muchacho enfiló la cima con la mira y comenzó a reír.

-¿De qué te ríes? -preguntó el vendedor-.

-Es que estoy viendo en el jardín a un hombre desnudo corriendo detrás de una mujer desnuda.

-El vendedor tomó la mira, apuntó hacia su casa y comenzó a enrojecer de ira. Tomó dos balas y se las dio al muchacho, diciéndole:

-Vamos a hacer un trato: te doy estas dos balas y, si aciertas con una en la cabeza de mi mujer y con otra en las bolas del hombre, te regalo la mira telescópica.

El muchacho tomó el rifle, la mira y las balas, puso el ojo en la mira y apuntó el rifle hacia la casa. Tras un instante de vacilación, sacó una bala del rifle y se la dio al vendedor:

-Creo que puedo hacerlo de un solo tiro...



Regalo virginal

Ramón era aficionado al golf. Por desgracia, mientras practicaba su deporte favorito, recibió un fuerte pelotazo en sus partes nobles. Cayó al suelo gritando y retorciéndose de dolor. Cuando le llevaron a urgencias, preguntó al médico:

-¿Cómo voy a quedar, doctor? Me caso la semana que viene y quiero estar bien para mi novia.

-Le diré lo que haremos: colocaré cuatro tablitas alrededor de su pene, lo vendaré y pondré unos cables alrededor para dejarlo sujeto, y luego un poco de escayola. Así, inmóvil y entablillado con una pequeña abertura para orinar, deberá estar bien para su noche de bodas.

El médico hizo un excelente trabajo con los genitales de Ramón. Poco despúes llegó el feliz día del casamiento, y por fin la noche de bodas. En la habitación del hotel, la recién casada le hizo un sexy "striptease" a su flamante marido y por fin, sobre la cama, se acarició el pubis, diciéndole:

-Este es mi regalo en esta noche tan especial. Me he reservado para ti, mi amor. Nadie me ha tocado y tú... ¡serás el primero!

El marido se bajó los pantalones de golpe y le dijo:

-Pues este es mi regalo: está tan nuevo que... ¡aquí lo tienes, todavía dentro de su caja!



Doble deportivo

Anoche conquisté a una señora madura en una discoteca de moda. Tenía buen aspecto para una mujer de 57 años. De hecho no estaba nada mal. Era muy guapa, elegante, distinguida, y sin querer me encontré pensando que tal vez tuviese una hija preciosa de unos 30 años. Habíamos tomado unas copas de más, nos hicimos algunas caricias fogosas y me preguntó si había tenido alguna vez un "doble deportivo".

-¿Qué es eso? -le pregunté-.

-Es un trío con madre e hija -me contestó-.

-¡No! -le respondí, muy excitado-.

Tomamos unas copas más y me dijo que esa era mi noche de suerte. Así que fuimos para su casa, mientras mentalmente iba pensando que se estaba haciendo realidad lo de la hija preciosa que imaginé. Cada vez me notaba más excitado. Llegamos a su edificio, en un barrio muy elegante. En el parking sólo había vehículos caros. Subimos en un ascensor directo a su piso, entramos (se me aceleró el ritmo cardíaco imaginando al monumento de hija que tendría), ella se quitó los zapatos y los tiró sobre la alfombra. Encendió la luz del vestíbulo. Admiré la decoración de la sala, de un gusto exquisito. Mientras, ella comenzó a desvestirse lentamente y luego gritó:

-Mamá, ¿todavía estás despierta?



Breves mensajes de luna de miel

Una madre tenía tres hijas. Cuando cada una de ellas se casaba, la madre les pedía que le enviaran un breve mensaje para saber cómo les iba la luna de miel.

Cuando se casó la primera de ellas, la madre recibió una carta con un mesaje muy breve: "Champú Sintrox". Al principio la madre no entendió nada, pero leyendo una revista vio un anuncio que decía: "Champú Sintrox, satisfacción hasta la última gota". Y la madre se quedó tranquila.

Una semana después de casarse su seguda hija, la madre recibió una carta que decía: "Rothmans". Fue a investigar qué quería decir aquello, hasta que encontró un anuncio en un periódico: "Rothmans: king size, el tamaño ideal". Y la madre pudo relajarse.

Finalmente se casó la tercera. Y tardó cuatro semanas en escribir. Su mensaje fue: "British Airways". La madre estaba desconcertada. Finalmente localizó un anuncio, que decía lo siguiente: "British Airways: ¡dos veces al día, los siete días de la semana, en ambas direcciones!"



Vedettes

Se encontraron en la calle dos vedettes que hacía algún tiempo no se veían. Una de ellas había echado carnes, especialmente en la parte posterior. La otra se la miró bien, de arriba a abajo, y le dijo, con intención aviesa:

-Por lo que veo, estás ampliando tu negocio...



La historia de Pablito


Pablito sorprendió a su padre practicando sexo con la criada. El niño le contó a su madre lo que había visto, y ella se tragó el cabreo y le dijo:

-No digas nada hasta que yo te avise.

Días más tarde fue el cumpleaños del niño, y asistieron a la fiesta todos los parientes, unas setenta personas. Mediada la fiesta, apareció la madre del niño y anunció a todos:

-¡Silencio, por favor! Pablito les va a contar una historia.

Todo el mundo supuso que se trataría de algún cuento infantil o algo parecido. Pero Pablito comenzó diciendo:

-La semana pasada, papá entró a la habitación en la que la criada estaba limpiando y la abrazó, la besó, le quitó la ropa...

Por supuesto, todo el mundo se giró para mirar al padre, que a esa altura ya estaba completamente rojo de vergüenza. El niño siguió contando:

-Después de quitarle la ropa, se quitó él también la suya y se acostaron, y después papá le empezó a meter... a meter... la cosa esa... que no me acuerdo como se llama...

Girándose hacia su madre, que no podía disimular una triunfal sonrisa, Pablito le preguntó:

-Mamá, ¿cómo se llama esa cosa que siempre le chupas al vecino?




Robot sexual


Estaba una mujer haciendo el amor con su amante cuando, de repente, llegó el marido, que estaba de viaje.

-¡Rápido, quédate parado aquí como si fueras una estatua! -le dijo al amante-.

Entonces entró el marido y le preguntó a su mujer:

-¿Pero qué hace este hombre desnudo aquí, en mi habitación?

-¡No, querido, estás equivocado! No es un hombre, es un robot de última generación, hecho para satisfacer sexualmente y, además, altamente computarizado. Fíjate en la piel, es igual a la nuestra, todo, incluso el calor. ¡Tócalo, tócalo! ¿Verdad que están llegado a límites insospechados en eso de la creación de robots?

-¡Está bien, está bien! Pero prepárame algo de comer, que el viaje éste me dejó tremendamente hambriento y con deseos de hacer el amor.

-Pero, querido, eso no va a ser posible... Estoy con la menstruación.

-¡Bueno, bueno, está bien, prepárame algo de comer!

La mujer se fue a la cocina y el marido quedó observando atentamente al amante, hasta que decidió que, si servía para la mujer, debería servir también para el hombre. Pero cuando se disponía a penetrarlo por la parte trasera, éste dijo con voz robótica:

-E-r-r-o-r d-e-l s-i-s-t-e-m-a... Z-o-n-a e-q-u-i-v-o-c-a-d-a...

El marido dijo entonces:

-¡Bah! ¡Si no sirve para mí, lo tiro por la ventana! ¡Qué carajo!

Pero, cuando el esposo lo levantó para lanzarlo por la ventana, el amante recordó que estaban en el piso 21, así que rápidamente le espetó:

"-E-r-r-o-r s-o-l-u-c-i-o-n-a-d-o... P-r-u-e-b-e o-t-r-a v-e-z...




Una nueva vida


Belén era una muchacha tan fea que no se veía capaz de conseguir un novio. Decidió pedir ayuda a una vidente, quien le dijo:

-Hija mía, con este físico que tienes realmente no tendrás mucha suerte en el amor. Sin embargo, en tu próxima reencarnación la belleza vendrá contigo y los hombres caerán rendidos a tus pies por docenas.

La muchacha salió de allí muy contenta, pensando en su brillante futuro. Mientras caminaba, se encontró con un puente sobre la autopista y se le ocurrió lanzarse al vacío. Cuanto antes acabara con su vida presente, antes daría comienzo la próxima. Cerró los ojos y se lanzó desde el puente, con tan mala suerte que cayó encima de un camión cargado de plátanos que pasaba por debajo. El impacto del golpe hizo que Belén se desmayara. Al rato despertó, algo confusa, aún sin abrir los ojos y creyendo que ya estaba en su nueva vida. Empezó a tocar lo que había a su alrededor y sólo palpó plátanos por todos lados. Con una enorme sonrisa en los labios, exclamó:

-¡Calma, muchachos, calma! ¡De uno en uno que tengo para todos!




Un feo en el baile


Se encontraba en un baile un tipo de mala presencia, el cual invitó a una joven muy bien presentada a bailar, y ella le respondió así:

-Señor, ¿cuándo ha visto usted un manjar en la boca de un asno?

El señor, cortesmente, le respondió:

-Señorita, solamente le pedí que bailáramos, no que me la chupara.




Charla improbable


Dijo una bolita de cera:

-Cada día entra un bastoncito y quiere sacarme. Pero yo me escondo detrás de un cartílago y no me atrapa.

Dijo la caries:

-A mí cada día me persigue una cosa con púas que intenta sacarme. Pero yo me escondo entre las muelas y no me atrapa.

Dijo el hongo vaginal:

-Pues a mí siempre me viene a ver un calvito. Nunca sabe si quiere entrar o salir. ¡Ya no sé dónde esconderme! Siempre se marea y me vomita encima.

Replicó la caries:

-¡A ese cabrón yo lo conozco...!




¿Excitado?


El marido, al llegar a su casa, le dijo gritando a su mujer:

-¡Flora! ¡Prepárate para hacer el amor cinco veces!

-¡Guau! Mi amor, ¿vienes excitado?

-¡No! Vengo con cuatro amigos.




El tonto y las gallinas

María era la mejor moza del pueblo, la más guapa y la que tenía más salero. Un día llegó a su casa y su madre le dijo que no había nada que comer.

-Tranquila, mamá, ahora mismo salgo y consigo algo.

Nada más salir, vio venir a lo lejos al tonto del pueblo con tres gallinas y pensó: "¡Ya está, a este idiota le quito las gallinas!". Se arregló el pelo, comprobó su escote y se acercó al muchacho:

-Hola, ¿por qué no me regalas esas gallinas?

-No, estas son mis gallinas.

María le insistió, con voz dulce:

-Anda, regálame las gallinas...

-No, estas son mis gallinas.

Ella siguió insistiendo, hasta que el chico le propuso:

-Bueno, si me dejas chuparte un seno te doy una gallina.

Indignada, la chica contestó:

-¿Estás loco? ¿Por una gallina? ¡No!

-Bueno, entonces me voy.

María, recordando la situación en su casa, decidió ceder.

-Está bien, vamos detrás de aquel árbol.

Se sacó un seno y el sujeto comenzó a chuparlo. Después de eso, la joven se arriesgó:

-¿Por qué no me das otra gallina?

-No, esas son mis gallinas.

-Anda, dame otra gallina...

-Bueno, si te dejas chupar otro seno...

-¡Caramba! Está bien. ¡Total, ya me chupaste uno!

María se sacó el otro seno y se lo dejó chupar. Mientras el hombre estaba en lo suyo, María le dijo:

-¡Dame la otra gallina! ¿Qué vas a hacer con una sola? ¡Anda...!

-Bueno, si dejas que te chupe ahí abajo...

La mujer se quedó pensando y decidió aceptar. El tonto empezó a chupar y María comenzó a agitarse, a gemir y a gritar. Muy excitada, exclamó:

-¡No aguanto más, métemela, tonto! ¡Métemelaaaaaaa!

-Bueno, si me das las tres gallinas...



Atrapada en las rejas

Ricardo y Rafael paseaban por los alrededores de un jardín cuando vieron, dentro de éste, a una prostituta que les hacía señas desde detrás de la puerta para que se acercaran. Llegó Ricardo a la altura de la chica y ésta, de forma imprudente, metió la cabeza entre las rejas de la puerta para hablar con su posible cliente, con tan mala suerte que le quedó la cabeza enganchada y no la podía sacar. Ricardo vio la ocasión que ni pintada para saciar su deseo nin necesidad de pagar un céntimo. Así que saltó la tapia de acceso al jardín y, aprovechando la inmovilidad de la mujer, la poseyó desde atrás. A continuación, se volvió hacia su amigo Rafael y le dijo:

-Es tu turno.

Rafael, mirándole con tristeza, le respondió:

-No creo que mi cabeza pase por entre los barrotes de la reja.



El cazador de osos

Carlos salió a cazar osos. Al encontrarse con un pequeño oso de color marrón le disparó. Entonces, sintió un golpecito sobre su hombro y, al darse vuelta, vio un gran oso negro que le dijo:

-Tienes dos opciones: o te golpeo hasta la muerte o nos entendemos con sexo.

Carlos decidió agacharse. Aunque sintió dolores durante dos semanas, rápidamente se recuperó y juró venganza. Por ello, inició otro viaje para encontrar al oso negro, y cuando al fin lo encontró le disparó. Entonces sintió otro golpecito en el hombro. Esta vez un enorme oso grisáceo estaba a su derecha. Era más grande que el oso negro, y le dijo:

-Esto te va a doler más a ti que a mí, pero tienes dos opciones: o te golpeo hasta la muerte o nos entendemos con sexo.

Otra vez Carlos pensó que era mejor perder su dignidad que su vida. Aunque sobrevivió, pasaron muchos meses hasta que logró recuperarse. Ultrajado, se dirigió de nuevo al bosque con una sola meta: la venganza. Logró encontrar la pista del oso grisáceo y, cuando lo tuvo a tiro, disparó. De nuevo, sintió un golpecito en el hombro, se giró y vio un gigantesco oso polar. Éste, mirándolo fijamente, le dijo:

-Admítelo, Carlos: Tú no vienes aquí a cazar...



El cacahuete en la nariz

Como de costumbre, Pedro comía cacahuates mientras veía la tele. Y, como siempre hacía, los lanzaba al aire y los atrapaba con la boca. Pero una noche falló el tiro y un cacahuate terminó atrapado en su nariz. ¡Por más que lo intentaba, no lograba sacarlo!

En ese momento llegó su hija adolescente, acompañada de un amigo. La hija intentó sin éxito sacar el cacahuate. Cuando se dio por vencida dejó probar a su amiguito. Éste, con gran habilidad, logró sacar al intruso de la nariz de Pedro. Todo el mundo respiró aliviado, y la hija aprovechó la situación para presentar a su amigo al padre:

-Papá, éste es Juan. ¿A que no adivinas qué quiere ser cuando sea mayor?

A lo que el padre respondió:

-Por cómo huelen sus dedos, yo diría que mi yerno...



La minifalda

En la parada del autobús, un nutrido grupo esperaba, en apretada fila, su turno para subir al vehículo. Le llegó al fin el turno a una bella joven que vestía botas altas y una chaqueta a juego con una pequeña minifalda de cuero. La chica se percató que el escalón de acceso al autobús era tan alto que la minifalda le iba a impedir subir. Sonrojada, se llevó las manos atrás, buscando la cremallera, la localizó, la bajó unos centímetros y se dispuso a subir, sin éxito. Todavía la falda le impedía levantar lo suficiente la pierna para alcanzar el escalón. Avergonzada, miró al chofer, sonrió tímidamente y, de nuevo, se llevó las manos atrás y bajó un poco más la cremallera. Pese a todo, todavía la minifalda le impedía levantar la pierna para poder subir. La gente que esperaba en la fila comenzó a impacientarse y a protestar. En aquel momento, el fornido muchacho que esperaba su turno detrás de ella la tomó por la cintura y, con suma facilidad, la subió al autobús como si fuera una pluma. La muchacha, furiosa, se giró hacia el desconocido y le increpó:

-¿Cómo se atreve a tocarme, descarado? ¡Yo no sé quién es usted, fresco!

El muchacho, encogiéndose de hombros, le respondió:

-Lo siento, señorita, pensé que después de haberme bajado la bragueta dos veces seguidas ya éramos amigos.



Pelotas de golf

Dos mujeres, que estaban jugando al golf, vieron con horror cómo la pelota que una de ellas había golpeado se dirigía directamente hacia unos hombres que jugaban en el siguiente hoyo. La pelota golpeó a uno de los hombres, quien de inmediato juntó ambas manos en su entrepierna y cayó al suelo rodando y gimiendo lastimosamente. Las mujeres corrieron hasta donde estaba el hombre. Una de ellas, sintiéndose culpable, dijo:

-Por favor, déjeme ayudarlo. Soy quiropráctica y sé cómo quitarle el dolor, si usted me lo permite...

-¡Ouch, auuuu, noooo! Estaré bien..., el dolor se me pasará en unos minutos -contestó el hombre, mientras permanecía en posición fetal, tirado en el césped y con las manos en su entrepierna-.

Ella insistió tanto que finalmente él permitió que le ayudara. Entonces la mujer le separó cuidadosamente las manos y lo tumbó boca arriba, le desabrochó el pantalón, puso sus manos dentro y comenzó a masajear suavemente toda la zona genital.

-¿Se siente bien? -preguntó al rato la mujer-.

-¡Me siento espectacular! -contestó el hombre-, pero la mano me sigue doliendo...



Amante descubierto


El amante, a punto de ser sorprendido por el esposo, saltó por una ventana. Al ser apenas las siete de la mañana, y no habiendo tenido tiempo de vestirse, para disimular comenzó a hacer "footing" al lado de un grupo de corredores en el parque. Sorprendido, uno de los corredores lo miró y le preguntó:

-¿Sin zapatillas?

-Sí, es para una mejor ventilación de los pies.

-¿Sin camiseta?

-Sí, es para una mejor ventilación de las axilas.

-¿Sin pantalones ni calzoncillos?

-Sí, es para tener mayor agilidad.

-¡Ah, comprendo! Y entonces... ¿el condón lo llevas puesto por si llueve?

martes

Chistes Picantes (2)

Atención al cliente

Una mujer fue al servicio de atención al cliente de una gran tienda de electrodomésticos y le dijo al empleado del mostrador que quería devolver una tostadora que había comprado porque no funcionaba. El empleado respondió entonces que no podía reembolsarle la tostadora porque la había comprado con una oferta especial. De repente, la mujer levantó los brazos y comenzó a gritar:

-¡Apriétame las tetas, apriétame las tetas, apriétame las tetas!

El empleado, aturdido, corrió a buscar al gerente del local. Frente a una multitud creciente de clientes, el gerente preguntó a la mujer:

-Pero, ¿qué le pasa, señora?

Ella explicó otra vez el problema de la tostadora; el gerente, entonces, le repitió la misma explicación dada por el empleado, la tostadora no podía ser devuelta porque se compró con una oferta especial. Inmediatamente ella, una vez más, levantó los brazos y comenzó a gritar:

-¡Apriétame las tetas, apriétame las tetas, apriétame las tetas!

Y, haciendo eso, atrajo una multitud mucho mayor. Aturdido, el gerente preguntó:

-Pero, señora, ¿por qué grita uste eso?

Cándidamente, la mujer contestó:

-¡Porque me gusta que me aprienten las tetas cuando me están jodiendo!



Secretaria moderna


Dos amigos se encuentran en una ultramoderna oficina en el año 2176.

-Hola, Juan, ¿cómo te va?

-De maravilla, Carlos, muchas gracias.

-A propósito, te felicito, ¡qué hermosa secretaria tienes!

-Pues, ahí donde la ves, es un robot.

-¿Un robot? A ver, explícame.

-Mira, le aprietas una teta y toma dictado, le aprietas la otra y escribe en el ordenador (word, access, excel, power point o lo que le digas), le chupas la oreja derecha y te sirve café. Y eso no es todo, hace el amor mejor que cualquier mujer de carne y hueso.

-¡No me digas!

-Sí, es una maravilla. Es más, si quieres te la presto un rato para que te ayude.

El hombre acepta y se la lleva, supuestamente, a su oficina. A los pocos segundos, desde el baño, se escuchan unos gritos desesperados.

-¡Aaayyy, aaaayyy! ¡Aaauuuuuxiiiliooo! ¡Ayúdenme, por favor!

El amigo dueño del robot corre al baño gritándole al otro:

-¡Carlos! ¡Carlos! ¡Se me olvidó decirte que por atrás es un sacapuntas...!



La viuda

En un edificio de apartamentos, un hombre soltero se moría de curiosidad por saber por qué su vecina, que era viuda y vivía sola, gritaba todas las noches de una forma escandalosa. Hasta que no pudo más y se puso a observarla por un agujero de la puerta, y lo que vio lo dejó helado, pues resultó que la mujer, antes de enterrar a su marido, le cortó con un cuchillo el pene, lo mandó disecar, lo puso en la pared a la altura de su cintura y todas las noches abrazaba la pared y hacía el amor.

Al vecino se le ocurrió la idea de hacer un agujero en la pared; quitó el pene del difunto y puso el de él, y se puso a esperar a la vecina. Cuando por fin ella llegó, llevaba un cuchillo en la mano derecha; con la izquierda agarró el pene y le dijo:

-Nos mudamos.



Instinto animal

En la sala de una consulta veterinaria se encuentran dos perros: un hermoso pastor alemán y un doberman, igualmente grande y bello. El pastor le pregunta al doberman:

-¿Por qué estás aquí?

-Bueno, a mí me van a sacrificar...

-¡Ah, caray! ¿Y por qué?

-Bueno, el caso es que le mordí la manita a la hijita de mi dueño.

-Oye, ese no es motivo... ¿No te pueden perdonar?

-Lo que pasa es que la niñita tiene tres meses y casi le arranqué la mano.

-¡Dios mío! ¿Por qué hiciste eso?

-No sé, simplemente sentí ganas de hacerlo... Pero dime, ¿por qué estás tú aquí?

-Bueno, lo mío fue también cuestión de ganas: me estaba bañando con mi dueño, él se agachó para recoger el jabón y no me aguante las ganas... Me fui por detrás, lo sujeté con mis patas y lo sodomicé.

-¡Aaay, qué fuerte! ¡Seguro que a ti también te van a sacrificar!

-No, a mí solo me van a recortar las uñas.



Manolo y la gorila

Un zoológico español compró una gorila hembra de una especie rara. Tras unas semanas, la gorila se volvió irritable y difícil de manejar. Después de examinarla, el veterinario determinó que estaba en celo, lo cual era un gran problema ya que no había ningún macho de esa especie disponible. Tras pensarlo detenidamente, el administrador del zoológico reparó en Manolo, un empleado encargado de limpiar las jaulas. Manolo tenía reputación de que, por lo bien dotado, podía satisfacer bien a cualquier mujer, y, como no parecía muy listo, tal vez podría convencerlo de que le hiciera el favor a la gorila. Así que le propusieron:

-¿Aceptarías tener relaciones con la gorila por 500 euros?

Manolo dijo que podría interesarle, pero que necesitaba pensarlo un poco. Al día siguiente, Manolo dijo que aceptaba, con tres condiciones:

-Primero, nada de besos. Segundo, no quiero saber nada de hijos.

-¡De acuerdo! -dijo de inmediato el administrador-. Pero, ¿cuál es la tercera?

-Bueno... ¡tiene que darme por lo menos otra semana para reunir los 500 euros!



Fábulas

La fábula del toro y la homiga

Un toro cayó en un pantano de arenas movedizas. En ese momento pasaba una hormiguita y el toro le pidió auxilio. La hormiguita subió a su flamante y recién estrenado Audi A3 TDI 110 C.V., amarró una cuerda al rabo del toro y otra al chasis del coche y sacó al toro de las arenas movedizas. El toro le estuvo eternamente agradecido y prometió ayudar a la hormiguita en lo que le pasara. Pasaron los meses, y un día el toro pasó por el mismo sitio y vio a la hormiguita dentro y pidiendo auxilio; el toro alcanzó a la hormiguita con su rabo y la sacó de allá.

Moraleja: Si tienes un buen rabo, no necesitas un A3 TDI.


La fábula del toro y la mosca

Estaba un toro pastando en la dehesa y llegó una mosca cojonera de estas que empiezan a posarse dando el coñazo. El caso es que se le posó al toro en el culete y éste la espantó con el rabo. La mosca echó a volar y se volvió a posar en el culete. El toro volvió a sacudirle con el rabo, así que la mosca voló y se posó esta vez un poco más hacia delante, en el costado del toro. El toro hizo un esfuerzo y volvió a alcanzar a la mosca con el rabo. La mosca, que ya estaba "mosca" con el rabo, se posó entonces en el hocico del toro, donde éste no podría llegar con el rabo. De repente el toro sacó la lengua y ¡glup! se papeó la mosca.

Moraleja: Lo que no puedas terminar con el rabo, termínalo con la lengua.


La fábula de las hormigas

Esto son dos hormigas que van por el bosque y se encuentran un charco. Ante la imposibilidad de cruzarlo, esperan por si pasa un animal que pueda llevarlas al otro lado. En esto pasa un conejo que se ofrece cruzarlas. Una de las hormiguitas, que era muy cursi, le dice al conejo: "No, no vamos a cruzar contigo porque tienes el pelaje sucio y asqueroso y nos vamos a ensuciar". Cuando el conejo se va, divisan un par de pajitas y deciden subirse en ellas, a modo de barca, para cruzar el charco.Cuando iban por la mitad del charco, un mal viento hizo que las pajitas se hundieran y las dos hormiguitas cayeron al agua.

Moraleja: Más vale conejo sucio que dos pajas mal hechas.


La fábula del pajarito

Esto es un conejito que iba por el bosque y se pone a llover a cántaros. Busca refugio y encuentra un árbol hueco, pero dentro había un pajarito. Le dice: "Pajarito, pajarito! Déjame entrar en el árbol, que me estoy mojando". A lo que responde el pajarito: "No te dejo, que no hay espacio para los dos". Y el conejito vuelta a insistir: "Venga, pajarito, que voy a pillar una pulmonía" Y el pajarito: "¡Que te he dicho que no!" Llovía cada vez más, y el conejito estaba ya chorreando. "Venga, pajarito, que tengo mucho frío", insistió el conejito. "¡No te lo repito más, si digo que no es que no!", afirmó con rotundidad el pajarito.

Moraleja: Cuanto más se moja el conejo, más duro se pone el pájaro.



Máquina para recoger fresas

Un agricultor recibe la visita de un comercial de una empresa tecnológica alemana que le ofrece sus productos:

-Tenemos diseñada una máquina que recoge las fresas del campo, las clasifica por tamaño, las limpia, les quita las hojas y las empaqueta, y todo a un precio muy asequible.

-¿Y la chupa?

-No, no chupa nada. Quizás no me haya expresado bien. Esta máquina recogerá sus fresas del campo, las clasificará por tamaño, las limpiará, les quitará las hojas y las empaquetará, y cuesta muy poco.

-Ya... ¿Y la chupa?

-¡No, señor, no chupa nada!

-Vale... entonces seguiré con las rumanas.



Les habla el capitán

"Estimados pasajeros: bienvenidos a bordo. Les habla el capitán Galdós, del vuelo 888 con destino a la ciudad de Madrid. El tiempo estimado de vuelo será de 5 horas con 50 minutos. Les recordamos que en este vuelo está prohibido fumar y les solicitamos que se abrochen sus cinturones..."

Terminado el discurso de bienvenida, el piloto olvida desconectar el altavoz y, dirigiéndose a su copiloto, dice:

-¡Ahora sí, tío! Apenas ponga el piloto automático, me hecho una cagadita y luego le hecho un polvito a la azafata.

Al escuchar todos el comentario, la azafata se lanza como un rayo a la cabina para avisar al capitán que desconecte el altavoz. Cuando va corriendo por el pasillo, de pronto, una viejecita que se encontraba en un asiento delantero le da un buen bastonazo, tirándola al suelo. Desconcertada, la azafata se gira hacia la anciana con expresión perpleja, y aquella le dice:

-¡Quietaaaaa! No sea impaciente, señorita, déjele primero cagar tanquilo.



Farmacéuticas

Dos mujeres, solteronas ellas, tenían una farmacia heredada de su padre. Un día entra un hombre y pide un condón. Una de las mujeres le muestra uno talla 42.

-No, ese no me vale, es muy pequeño para mi.

Le muestra uno talla 44.

-No, ese tampoco, todavía es pequeño.

Sigue sacando y mostrando condones, y la última talla que le queda es una 50, pero el hombre dice todavía que no, que es pequeño. Entonces la mujer le grita a la hermana, que está en la parte de atrás de la farmacia:

-¡Hermenegilda!, el señor necesita un condón talla 52 y ya no nos quedan, ¿qué le ofrezco?

-¡Coñooo, ofrécele casa y comida, y la mitad de la farmacia si se viene a vivir con nosotras!



Ordeñadora automatizada

Un ganadero viaja para participar en una feria ganadera, y en la feria se compra una ordeñadora completamente automatizada. Varias semanas después le llega el equipo y, ya que su esposa estaba de viaje, decide probarla primero él mismo, de modo que insertó su miembro viril en la succionadora y encendió el equipo. Todo sucedió automáticamente, y pronto se dio cuenta que el equipo le brindaba más placer que su propia esposa: éxtasis total al ritmo de los impulsos de la ordeñadora. Exhausto, cuando la diversión terminó se dio cuenta de que no podía retirar su miembro del equipo.

Lo intentó de todas las maneras: para arriba, para abajo, para el costado, sin resultado. Entonces empezó a ponerse nervioso, y, aún conectado a las mangueras, se estiró hasta alcanzar los papeles de la ordeñadora que habían quedado sobre la mesa. Leyó el manual, sin conseguir ninguna información que lo ayudara, movió todos los botones, apagó el equipo y finalmente lo desenchufó, sin ningún resultado favorable. Decidió entonces llamar a la línea de servicios al consumidor de la compañía:

-Buenos días, señorita. Yo adquirí una ordeñadora automática en su compañía, trabaja fenomenal, pero, ¿cómo puedo hacer para remover los succionadores de los pezones de la vaca? Están como atascados...

-Señor, ¡no se preocupe! -respondió la telefonista-. La máquina los liberará automáticamente nada más recolecte 5 litros.



Náufragos con necesidades

Un avión se estrella en el Pacífico Sur. Sólo sobreviven tres personas: el piloto, un auxiliar de vuelo y una azafata que se agarran a los restos del avión. Al cabo de una semana a la deriva llegan a una isla desierta, lejos de cualquier ruta aérea y marítima. Saben que no los buscarán más.

Entonces se organizan la vida, construyen una bonita cabaña, la naturaleza es generosa y les provee de carne, frutas y agua fresca. Ellos son jóvenes y fuertes.

Al cabo de dos meses de convivencia en la isla, la azafata se decide a hablar de un tema con los otros dos.

-Vamos a ver, amigos... Estamos solos, y puede ser que para siempre. Nos hemos respetado desde el momento en que llegamos aquí. Tenemos nuestra intimidad, todo está fenomenal. Pero... creo que todos tenemos ciertas carencias. Yo sé que vosotros por delicadeza no queréis hablar conmigo de eso, por lo tanto lo hago yo, a ver si estáis de acuerdo en esto: tú me lo haces los días pares y tú los impares. Y si surge cualquier problema lo hablamos y lo solucionamos.

Todos quedaron de acuerdo y encantados por haber estado tan organizados y poder hablar del asunto. Pasan unas semanas fabulosas, cada uno su turno, uno los días pares y el otro los impares, con un respeto y un entendimiento ejemplar.

Por desgracia, al cabo de unos meses a la chica la ataca un virus y se muere. Los dos hombres se quedan terriblemente tristes. Es una desgracia, pero la vida continúa y vuelven a la rutina de antes. Un mes más tarde uno de ellos se dirige al otro y le dice:

-Escúchame, el tiempo pasa; yo sé que esto es tan duro para ti como para mí, por eso tenemos que hablar. Me falta alguna cosa. Yo soy joven y no puedo seguir así. ¿Tú qué piensas?

El otro le dio las gracias por sacar el tema y le dijo que él también estaba pasando por la misma situación.

-¿Entonces tú también piensas como yo?

-Sí. Y si no funciona lo discutimos.

-De acuerdo..

-Entonces, ¿cómo nos organizamos?

-Tú los días pares y yo los impares.

-Está bien, no hay problema.

Y los hombres pasan otro montón de semanas geniales. Pero una noche uno le dice al otro:

-Escúchame, dijimos que lo discutiríamos si algo no iba bien. Bueno... yo pienso que esto no debe continuar. Estamos solos y necesitados, pero lo que estamos haciendo no me convence. Va en contra de la naturaleza.

-Me tranquilizas -le dice el otro-, yo también estaba pensando como tú. Me gustaría que parásemos. De todas formas ya no son las mismas sensaciones que antes.

-¿Estás de acuerdo entonces?

-Sí, ¿y tú?

-Yo también.

-Bueno, entonces... ¿la sepultamos, no?

-Sí, la sepultamos.



Llamada a larga distancia

Una rubia impresionante entra en un centro de comunicaciones internacionales para enviar un mensaje a su madre. Cuando el hombre le dice que costaría $300, ella exclama:

-¡Cielos!, no tengo ese dinero. Pero necesito, como sea, enviar ese mensaje a mi madre.

El hombre arquea una ceja (como podemos imaginar) y le pregunta:

-¿Como sea?

-Sí, sí, por favor -exclama la rubia-.

-Bueno, entonces sígueme -dice el hombre caminando hacia el fondo-.

La rubia lo sigue.

-Entra y cierra la puerta. Arrodíllate.

Ella, extrañada, obedece.

-Bájame la cremallera del pantalón. Ahora sácamela... -dice él, ya muy excitado-.

Ella mete su mano, lo alcanza y lo saca. Hace una pausa, todavía dudando. El hombre cierra sus ojos y, excitadísimo, susurra casi sin voz:

-Bien, adelante, mujer.

La rubia, despacio, acerca sus labios mientras sostiene con una mano el miembro y, dubitativa, dice:

-Hola mamá, ¿me escuchas?



El peluquero y la niña

Una niñita acompaña a su papá a la peluquería. Se pone cerca del sillón del peluquero para ver bien, y empieza a comerse un chocolatín con forma de "conejito", mientras a su padre le cortan el pelo. Al cabo de un rato, el peluquero la ve tan cerca, le sonríe y le dice:

-Ten cuidado, que se te va a llenar de pelos el conejito.

-Sí -le responde la niña-, y eso no es nada, si vieras como me están creciendo las tetas...



Condones Olímpicos

Un hombre va de compras y descubre una nueva marca de condones: "Condones Olímpicos". Impresionado, compra una caja. Al llegar a casa, le anuncia a su mujer la nueva adquisición:

-¿Condones Olímpicos? ¿Y qué tienen de especial?

-Vienen en tres colores: oro, plata y bronce, como las medallas.

-¿Y qué color te vas a poner esta noche?

-Oro, por supuesto -dice el marido, orgullosamente-.

-¿De verdad? ¿Y por qué no usas de plata? ¡Estaría bien que alguna vez no acabaras primero!



El ganadero

El rico ganadero tomando de la mano a su novia mientras contempla a un toro haciéndole el amor a una vaca:

-Mi amor, ¡qué acto tan hermoso! ¿No te agradaría que yo hiciera lo mismo?

Ella, aparentando indiferencia:

-Si eso te agrada... pues adelante... Total, ¡la vaca es tuya!



Consecuencias

Una pareja está haciendo el amor. Cuando él está por acabar, le coloca el miembro en la oreja y le dice que quiere acabar allí. Ella, espantada le dice:

-¿Y si me quedo sorda?

-¿Te has quedado muda hasta ahora?



Misioneros en el desierto

Se encuentran una monja y un padre cruzando el desierto del Sáhara en un camello. Al tercer día, una tormenta de arena los atrapa y buscan refugio. Cuando termina, se percatan de que el camello está muerto. El padre dice:

-Hermana, esto se ve muy mal, difícilmente sobreviviremos dos días aquí, y el campamento más cercano se encuentra a una semana de camino, así que, ahora que sabemos que no sobreviviremos, quiero pedirle un favor.

-¿Cuál?

-Nunca he visto los senos de una mujer. ¿Podría ver los suyos?

La monja, un poco sorprendida, responde:

-En las circunstancias en que nos encontramos no veo el problema.

Y se los muestra al padre. Este prosigue:

-Hermana, ¿le importa si los toco?

La monja no pone objección. Después de unos minutos pregunta:

-Padre, ¿puedo pedirle ahora yo un favor?

-¡Claro!

-Nunca he visto el pene de un hombre. ¿Me dejaría ver el suyo?

-Pues... en las circunstancias en las que nos encontramos, no veo el posible daño, hija.

Y se lo muestra.

-¿Lo puedo tocar?

-Pues... ¡tócalo!

A estas alturas el sacerdote era una brasa humana. Acercándose a ella, le susurra al oído:

-Hermana, ¿sabía usted que si lo inserto en el lugar correcto puedo crear vida?

Emocionada, la monja responde:

-¿De verdad?

-¡Por supuesto!

-¡Que alegría, padre! ¡Métaselo entonces al camello y váyamonos de aquí!



Alta ejecutiva

Una alta ejecutiva, muy seria y recatada, se hospeda en un hotel durante un viaje de trabajo y, al sentirse un poco sola y con una sensación de libertad que nunca había experimentado, decidió llamar a una de esas "empresas de acompañantes" que reparten propaganda a la salida de los aeropuertos. Si bien los servicios están pensados principalmente para hombres, entre los papeles que tenía encontró uno que ofrecía, literalmente, el servicio masculino, y en especial le llamó la atención uno que se llamaba "Ferótico". Después de analizar con cuidado la fotografía se decidió a llamar. Con el folleto en sus manos (que temblaban y sudaban por la expectación) levantó el teléfono y marcó el número que indicaba el folleto.

EL: "¡Hola!", contestó un hombre con una sensual voz.

ELLA: "Llamo del hotel Libertador, habitación 421".

EL: "Si, si".

ELLA: "Leí el folleto y veo que sabes de masajes, y la verdad es que necesito que vengas a mi habitación y me des uno urgente... A decir verdad, necesito masajes relajantes, casi mimos... No, espera, ¿para que me hago la estrecha?, en realidad lo que quiero es ¡sexo! Tengo ganas de tener una larga sesión de sexo salvaje. Quiero hacerlo en la cama, en el suelo, en el balcón, en el pasillo, en la ducha. Quiero exhibirme, sentirme humillada, que vean todos lo puta que soy, estoy harta de ser reprimida. Pero ¡ya! Estoy hablando en serio, deseo que dure toda la noche y estoy dispuesta a participar en variadas y atípicas cosas... si algo tiene un nombre que puedas pronunciar ¡yo quiero hacerlo! Trae toda clase de complementos, accesorios y juguetes para que te asegures que me mantendré despierta ¡toooda la noche! Quiero que me inmovilices y que me llenes el cuerpo con lo que quieras, para después limpiárnoslo uno al otro... con la lengua o lo que quieras, ¿qué te parece? Es más, si puedes venir con amigos, ven, que quiero que me hagan múltipe penetración y sentirme dilatada e inundada. ¿Qué te parece?"

EL: "La verdad es que suena fantástico, pero... señora Ramírez, para hacer llamadas externas primero necesita marcar el 9".



Jugando con cocodrilos

Sobre el escenario hay un hombre y un cocodrilo. El cocodrilo abre mucho la boca y el hombre le pone su miembro dentro. Mira desafiante al público y pregunta:

-¿Hay alguien entre el público que se atreva a hacer lo mismo?

-Se levanta una viejita en la primera fila y dice:

-Yo me animo, pero no sé si voy a ser capaz de abrir tanto la boca.



Aprender a perdonar

Al aproximarse a la recepción de un hotel a un hombre le llama la atención un ruido y, al girarse a ver qué es, golpea sin querer con el codo el seno de una hermosa mujer. Apenado y sin saber qué hacer, él dice:

-Le pido mil disculpas, señorita. Si su corazón es tan suave como su seno, tengo la seguridad de que me perdonará.

La mujer, sonriendo, le responde:

-Caballero, si su pene es tan duro como su codo sepa que mi habitación es la 201.

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Chistes Picantes

Hombre precavido

Un hombre llega a una farmacia repleta de gente y, en voz muy alta, dice:

-Señorita, ¿me da un condón?

-Por favor, señor, ¡cuide usted su lengua!

-Entonces deme dos.



Bomberos ardientes

En un feroz incendio, el jefe de los bomberos notó que le faltaban dos de los integrantes. Cuando los estaba buscando, observó que el camión se movía de forma cadenciosa. Abrió la puerta y encontró a los dos bomberos, a cuatro patas, enfrascados en plena actividad sexual.

-¿Pero qué está pasando aquí? -preguntó, indignado, el jefe-.

-Verá, jefe... Lo que pasa es que mi compañero se estaba asfixiando con el humo y yo vine a darle auxilio.

-¡Pero para la asfixia lo que se recomienda es la respiración boca a boca! -gritó, enojado, su superior-.

-¡Sí, jefe, así fue como empezamos!



Curiosidades ancestrales

Un día, Eva se levantó con las hormonas un tanto revueltas y le exigió a Adán que la dejara satisfecha. Adán, que estaba un poco cansado, le dijo que en ese momento no tenía ganas. Y, como sabía que era el único hombre, no corría riesgo de que Eva le pusiera los cuernos.

Eva, furiosa, empezó a caminar sin rumbo alguno, hasta que se encontró con un dinosaurio y le pidió a éste que se acostara con ella. El dinosaurio se negó a hacerlo, alegando que a él tan sólo le gustaban las dinosaurias. Eva, más furiosa aún, se tiró encima del dinosaurio y le arrancó los testículos con los dientes. Después siguió su camino.

Más adelante se encontró con un mono mandril y le exigió lo mismo, pero el mono se negó y Eva, en un ataque de locura, se abalanzó sobre el mandril y le arrancó los pelos del culo a tirones.

Decepcionada y resignada, se sentó en la orilla de un arroyo con las piernas abiertas para bajar su calentura. Fue entonces cuando notó que un pececito aparecía ante ella. Eva, al verlo, lo tomó por la parte de atrás y lo introdujo entre sus pieranas, a modo de consolador.

Hay dos cosas que ahora sabemos gracias a esta historia:

1) La razón por la que se extinguieron los dinosaurios.

2) El motivo por el que los mandriles tienen el culo colorado.

Pero lo que, desgraciadamente, jamás podremos llegar a saber es qué olor tenía originalmente el pescado.



Rollito de otoño

En una fiesta de la tercera edad se conocen dos ancianos. Después de tomar unas copas salen a la calle y él le propone a ella hacer el amor. Él la lleva tras unos arbustos y allí se meten en faena. Al cabo de unos minutos él le dice:

-¡Vieja, si hubiera sabido que eras virgen te habría llevado a un hotel!

A lo que ella contesta:

-¡Viejo, si hubiera sabido que aún se te leventaba me habría quitado las bragas!



Mi fiel Bertold

El conde regresa de las cruzadas y manda reunir a todos sus sirvientes. Una vez reunidos, les dice:

-Antes de irme a las cruzadas ordené que le pusieran a mi esposa, la condesa, un cinturón de castidad con guillotina. Ahora veremos si me fueron fieles. ¡Abajo los pantalones!

Todos los sirvientes tenían el miembro rebanado, menos uno. El conde lo llama:

-Ven acá, mi fiel Bertold, y dile unas palabras a este montón de desvergonzados.

-¡Ggg... g... ggggg... gg!



Ladrón de guante blanco, y suave

Una señora va caminando tranquilamente por la calle. Se cruza con ella un joven ladrón, le apunta con un arma y le arrebata el bolso. Al buscar dentro del bolso el ladrón encuentra muy poco dinero. Entonces le dice a la mujer:

-No es posible que tenga usted tan poco dinero. Seguramente debe tener más escondido.

Antes de que la mujer pueda protestar comienza a cachearla, por la cintura, el busto, debajo del vestido, por todos lados. Luego de un rato de buscar sin éxito se da por vencido y pregunta a la mujer:

-¿En serio no tiene más dinero?

-En serio, no tengo más -contesta la señora-, pero si sigue usted buscando mañana sin falta le enviaré yo un cheque.



Jorobado bien dotado

Entra un jorobado a unos aseos públicos y se para junto a otro señor que también se estaba disponiendo a hacer sus necesidades. El jorobado se abre la bragueta y saca un miembro enorme, tan grande que el señor que estaba junto a él exclama:

-¡Cielo santo! ¡Si yo la tuviera así de grande me la estaría besando todo el día!

-¿Y por qué cree usted que yo estoy jorobado?



Fotografía in vitro

Una pareja llevaba muchos años de matrimonio y no había logrado tener familia. Tras consultar a varios doctores, sin éxito, fueron a ver a un especialista muy renombrado, quien, tras muchos estudios, les dijo que la única solución era que buscaran un padre sustituto.

-¿Y qué es un padre sustituto? -preguntó la señora-.

-Es un hombre seleccionado con mucho cuidado y que hace, por una sóla vez, las funciones del esposo para que la mujer quede embarazada.

La señora vaciló un poco, pero su marido le dijo al doctor que él no tenía ningún inconveniente con tal de ver realizada su ilusión de convertirse en padre. Pocos días después, se contrató a un joven y se concertó una cita para que, el siguiente domingo por la mañana, cuando se ausentara el marido de la casa, visitase a la señora para cumplir su tarea.

Sin embargo, sucedió que un fotógrafo de niños había sido llamado a una casa vecina para retratar a un bebé. Por caprichos del azar, el hombre se equivocó de domicilio y llegó al de la señora:

-Buenos días, señora, vengo por lo del niño.

-Sí, pase usted. ¿Quiere tomar algo?

-No, muchas gracias, el alcohol no es bueno para mi trabajo. Lo que quisiera es comenzar cuanto antes.

-Muy bien, ¿le parece si vamos a la habitación?

-Puede ser allí, pero también me gustaría una aquí, en la sala, dos en la alfombra y otra en el jardín.

-¿Pues cuántos van a ser? -se alarmó la señora-.

-Ordinariamente son cinco en cada sesión, pero si la mamá coopera pueden ser más, todo depende -dijo, mientras sacaba del portafolios un álbum-. Me gustaría que viera antes algo de lo que he hecho. Tengo una técnica muy especial y única que le ha gustado mucho a mis clientas. Por ejemplo, mire el retrato de este niño tan bonito: lo hice en un parque público, a plena luz del día. ¡Cómo se juntó la gente para verme trabajar! Esa vez me ayudaron dos amigos, porque la señora era muy exigente: con nada le podía yo dar gusto y quedarle bien. Para colmo, esa vez tuve que suspender el trabajo porque llegó una ardilla y comenzó a mordisquearme el equipo.

La señora, estupefacta, escuchaba todo esto mientras el fotógrafo continuaba:

-Ahora vea estos mellizos. En esa ocasión sí que me lucí, todo lo hice en menos de cinco minutos: llegué y ¡paf!, dos tomas y mire los gemelos que me salieron.

La señora estaba cada vez más asustada oyendo al fotógrafo, que continuaba:

-Con este niño batallé un poco más, porque la mamá era muy nerviosa. Yo le dije: "Mire, señora, usted mire hacia otro lado y déjeme hacer todo a mí". Ella se dio la vuelta, y así pude yo hacer mejor mi trabajo.

A esta altura, la señora estaba a punto del desmayo. El fotógrafo, guardando su álbum, le dijo:

-¿Quiere que comencemos ya, señora?

-Cuando usted diga.

-Está bien, voy a por mi trípode.

-¿Trípode? -preguntó, temblando, la señora-.

-Sí -respondió tranquilamente el fotógrafo-, es que, ¿sabe usted?, mi aparato es muy grande y necesito un trípode para apoyarlo y estabilizarlo, porque ni con las dos manos puedo sostenerlo bien... ¿Señora? ¿Señora? ¡Señoraaaaa!



Testículos calientes


Tres amigas charlan sobre su vida sexual:

-A José, cuando hacemos el amor, se le calientan los testículos -dice una de ellas-.

-Parece que eso le pasa a todos los hombres, porque a Juan también le sucede lo mismo -responde otra-.

-Pues yo no me he fijado con Luis, pero esta noche lo sabré -dice la tercera-.

Al día siguiente, la mujer de Luis aparece con un ojo morado, un brazo enyesado y moratones por todo el cuerpo.

-¿Que te pasó? -inquieren, preocupadas, las dos amigas-.

-Fue Luis -responde-.

-¿Luis? ¿Pero por qué te golpeó así?

-Es que anoche, cuando hacíamos el amor, le toqué los testículos para confirmar lo que habíamos hablado y, al ver que los tenía calientes, le dije: "Se te calientan igual que a José y a Juan".



Maridos devotos

Dos mujeres en la peluquería:

-Gertrudis, ¡estoy desesperada! En el terreno sexual, paso más hambre que un maestro de escuela. Claro, mi marido es del Opus Dei, y un día por el Opus y otro por el Dei... ¡nada de nada!

-¡Ah! Pues yo en ese terreno estoy muy bien servida. Mi marido es luterano, y un día por el úter y el otro por el ano...



Mocos

Una madre está con su hijo pequeño en el cine. En la fila de atrás hay una pareja de novios besándose cada vez más apasionadamente. De pronto, el niño le dice a la madre:

-Mamá, mamá... ¡Mocos!

La madre coge un pañuelo, se lo acerca a la nariz del niño, y éste le dice:

-No, ahí no. ¡En la oreja!



Los zapatos del negro

A un hombre lo invitan a una fiesta, pero el pobre no tiene nada que ponerse. Decide pedirle a un amigo negro, de dos metros de altura, portero de una discoteca, que le preste algo de ropa. El negro accede gustoso y le dice que entre y saque lo que necesite. El amigo ve unos zapatos negros de charol que brillan como un espejo y dice:

-Oye, negro, préstame estos zapatos tan bárbaros.

-Ni loco -dice el otro-. Son los del trabajo, me costaron cerca de 500 euros, y si me los rompes te corto los huevos.

Tanto le insiste el amigo que el negro accede al fin.

-Pero cuidámelos bien o te juro que te los corto.

El hombre va a la fiesta. Se acerca a una chica y la saca a bailar. Después de un rato se sientan en la barra a conversar. Él, así sentado como está, se lustra disimuladamente el zapato con el pantalón y coloca el pie entre las piernas de la señorita, que lleva minifalda, para poder mirarla en el brillo del zapato y le dice:

-¡Cómo me gustan las mujeres con ropa interior negra!

La chica huye despavorida a contarle el suceso a sus dos amigas.

-¿Veis a aquel tío? ¡Te adivina el color de la ropa interior que llevas!

-¡Vamos a ver si es cierto! -le dice una de ellas, y se acerca a conversar con el hombre-. Él repite la escena. Se lustra el zapato, lo mete sigilosamente entre las piernas de la mujer, mira en el zapato brillante como un espejo y dice:

-¡Cómo me gustan las mujeres con ropa interior blanca!

Corriendo, la mujer va donde están las amigas y grita:

-¡Es cierto, el tío aquel te adivina el color de la ropa interior!

La tercera amiga dice:

-¡A mí este cabrón no me la da! ¡Vamos a ver si adivina tanto!

Se va al baño, se quita la ropa interior y se acerca a hablar con el hombre. Otra vez él hace lo mismo, se lustra el zapato y, cuando decide mirar entre las piernas de ella, le baja la presión y se pone blanco. Disimuladamente, para que la mujer no se dé cuenta, se vuelve a lustrar el zapato y trata de mirar otra vez, pero le quedan los ojos como platos. Al intentarlo por tercera vez, el hombre no aguanta más y le dice a la mujer, suplicándole:

-¡Por favor, dime que no llevas nada debajo de la falda, porque si ese tajo lo tiene el zapato ¡el negro me corta los huevos!



El apartamento

Un señor y una señora salieron una noche en su primera cita. De camino al hotel, él se dio cuenta de que no llevaba dinero en efectivo y acordaron que ella pagaría la habitación y él le enviaría un cheque por 500 euros al día siguiente. Así lo hicieron, y él decidió enviarle el cheque a través de su secretaria. Para que ésta no se entere de la relación que hubo entre los dos, le dio a entender que el dinero era en pago por el alquiler de un apartamento. Pero el señor decidió enviarle un cheque por 300 euros, en lugar de los 500 acordados, y le expuso las siguientes razones:

"Estimada señora:

Aquí le envío 300 euros en vez de los 500 acordados en pago del apartamento que le alquilé, pues me imaginaba otra cosa:

1º Esperaba un apartamento sin estrenar.

2º Que tuviera calefacción.

3º Que fuera pequeño.

Y resultó todo lo contrario, pues estaba usado, era frío y ancho.

Atentamente, el inquilino."

Al recibir esto, la joven señora le contestó:

"Estimado caballero:

Le devuelvo su dinero, pues en verdad no lo necesito, pero debo decirle, en referencia a su carta, que usted tendría que saber:

1º Que un apartamento tan bonito no podría estar sin estrenar.

2º Que con seguridad usted no supo encender la calefacción.

3º Que yo no tengo la culpa de que usted no tenga suficientes muebles para llenar el apartamento.

Atentamente, la dueña."



Los cinco golpes

Un rico hombre blanco sorprende un día a su jardinero negro orinando y comprueba que tiene un pene enorme, así que le pregunta:

-Oye, Tom, ¿qué haces para tener tan magnífico aparato?

-Es fácil, lo único que hay que hacer todos los días es, al ir a la cama, conseguir tener una erección, y entonces golpear el pene contra los barrotes de la cama muy fuerte cinco veces.

El blanco no acaba de creerse esto, pero en vista de la irrefutable evidencia decide probarlo, así que esa noche, cuando se va a la cama, espera a tener una erección y pega los cinco mamporrazos contra los barrotes de la cama. Entonces su esposa, medio dormida, esboza una sonrisa y pregunta:

-¿Tom? ¿Eres tú?



Apuesto gigoló

Una mujer estaba sentada en un bar, disfrutando de una copa para relajarse después del trabajo, cuando se abrió la puerta y entró el hombre más guapo que había visto en su vida. Era imponente. Alto, musculoso, bien plantado, elegante, de abundante pelo oscuro, brillantes y enormes ojos verdes y una preciosa sonrisa. Cada uno de sus movimientos era tan masculino y sensual que la mujer no podía quitarle los ojos de encima.

El hombre se dio cuenta de la mirada observadora de la mujer y, con una sonrisa seductora, se le acercó. Ella, nerviosa y sonrojada, se preparó para disculparse por su mirada inquisitiva, pero, antes de que pudiera abrir la boca, él se inclinó y le susurró al oído, con voz suave, profunda y ligeramente ronca:

-Haré cualquier cosa, absolutamente cualquier cosa que desees, cualquier cosa con la que hayas soñado o fantaseado, cualquier cosa que quieras, por 50 euros. Sólo te pongo una condición...

Temblando, expectante, la mujer le preguntó cual era esa condición. Él contestó:

-Tienes que decirme lo que quieres que haga con sólo tres palabras.

La mujer miró fijamente a los ojos hipnóticos del hombre, por un segundo, analizando la proposición. Luego, tomada la decisión, metió la mano en su cartera y saco 50 euros, anotó su dirección en la servilleta del bar, la dobló, metió el billete dentro, y puso la servilleta en la mano del hombre. Se inclinó y le susurró al oído:

-Límpiame la casa.



Besito de despedida

Una noche, una pareja regresa a la casa de ella. En la puerta, antes de despedirse, él extiende la mano y la apoya en la pared, cortándole el paso a su novia.

-Venga, hazme una mamadita.

Sonrojada, ella responde:

-¿Pero tú estás loco? ¿Cómo te la voy a chupar aquí?

-Vamos, no seas tonta, si te gusta...

-¿Pero qué dices? ¿Y si baja algún vecino, o alguien de mi familia?

-¡Venga, no te hagas rogar, que sabes que me gusta mucho! Venga, sé buena y hazme una mamada rapidita.

-¡Tú estás tonto! ¿Aquí? ¿En la puerta de mi casa?

-Venga, una rapidita y después me voy.

-¡Estás completamente pirado!

-¡Mamadita, mamadita, mamadita...!

-¡Que no, y se acabó! ¡Te he dicho que aquí de ninguna manera!

En ese momento, se oyen ruidos en la escalera y aparece la hermana de ella, medio dormida, y dice:

-Dice papá que se la chupes ya, o si no que se la chupe yo, o que si no baja mamá y se la chupa ella, y si no hay más remedio baja él a chupársela, pero, por favor, ¡que quite la mano de una puta vez del portero automático!



Pesimista

Esta es la historia de una mujer que siempre fue pesimista. De niña, por ejemplo, si su papá le compraba patines, la niña, al verlos, decía: "¿Y si me caigo?". Si le compraba una muñeca, la niña decía: "¿Y si se rompe?". Y así siempre.

El padre de la niña, un señor adinerado, la llevó a distintos especialistas, quienes sugirieron que intentara darle mayor seguridad, que ya se le pasaría con el tiempo. Pero el tiempo pasaba, y a pesar de que el padre se esmeraba en darle todo, su hija no daba muestras de mejorar. A los 15 años, intentó enviarla de viaje en un crucero por el Caribe, pero ella repuso: "¿Y si el crucero se hunde?" Entonces le propuso enviarla a Europa en avión, pero ella respondió: "¿Y si el avión se cae?"

Pasó el tiempo, y la antes niña ya era toda una mujer de 30 años, pero sin mejoría alguna. El padre, consultando psiquiatra tras psiquiatra, encontró uno que le sugirió:

-Lo que le falta a su hija es conocer el amor. ¿Por qué no le consigue algún novio?

-Ya lo intenté, pero ella empieza: "¿Y si no me quiere, si luego me abandona?", y cosas por el estilo. Además, así de pesimista no hay quien la soporte.

-Pruebe entonces a hacerlo por la fuerza. Usted es un hombre de muchos recursos, podría pagarle a su chofer, por ejemplo...

Desesperado, decidió hacer la prueba. Esa noche, el chofer entró a la habitación de la hija, le pegó un par de bofetadas, la arrojó sobre la cama, le arrancó la ropa y, desnudo él también, se le echó encima. La chica estaba inmóvil, dura. El chofer la penetró. Ella seguía totalmente inmóvil, como paralizada. Entonces, enojado, el chofer le gritó:

-¡Muévete un poco!

Ella respondió:

-¿Y si se sale?



La cortadora de pepinos


Esta historia es sobre un hombre que trabajaba en una fábrica de conservas. Un día le confesó a su mujer que estaba poseído por una terrible obsesión, un impulso incontrolable de colocar su pene en la cortadora de pepinos. Espantada, la esposa le sugirió que consultara con un psicólogo. El marido prometió que lo pensaría, pero continuó repitiéndole y repitiéndole a la esposa el mismo cuento, hasta que ella, aburrida, un día le dijo:

-¡Pues mételo en la cortadora de pepinos y no me jodas más! ¡El pene es tuyo, por lo tanto es tu problema!

Al día siguiente, el marido llegó a casa cabizbajo, profundamente abatido:

-¿Que pasó, querido? -le preguntó la mujer, preparándose para lo peor-.

-¿Te acuerdas de mi obsesión de meter el pene en la cortadora de pepinos?

-¡Oh, no! -gritó la mujer-. ¡Dime que no hiciste eso!

-¡Sí, lo hice!

-¡Oh Dios! ¿Y qué pasó?

-¡Me despidieron! -respondió el marido-.

-¿Qué? ¿Y la cortadora de pepinos? ¿Qué te hizo? ¿Te lastimó?

-¡Noooo..., a ella también la despidieron!



El abogado de la corona


Amit era un alto funcionario de la corte del rey Akbar. Hacía mucho tiempo estaba obsesionado con el deseo incontrolable de chupar los voluptuosos senos de la reina hasta hartarse. Por supuesto, nunca había podido hacerlo. Un día reveló su deseo a Birbal, principal consejero y abogado de la corona, y le pidió que hiciese algo para ayudarlo. Birbal, después de mucho pensar, aceptó ayudarlo, con la condición de que Amit le pagara mil monedas de oro. Amit aceptó el acuerdo.

Al día siguiente Birbal preparó un líquido que causaba picazón y lo derramó en el sostén de la reina, mientras ésta tomaba un baño. Pronto el escozor comenzó y fue aumentando en intensidad, dejando al rey preocupado y a la reina muy molesta. Se hicieron consultas a los médicos y, ante la falta de respuesta de éstos, Birbal dijo que a su entender sólo una saliva especial, aplicada por cuatro horas, curaría el mal. Birbal también dijo que esa saliva tan especial podría ser encontrada en la boca de Amit. El rey Akbar se puso muy feliz y llamó a Amit, quien durante las cuatro horas siguientes se cansó de chupar a voluntad los suculentos y deliciosos pezones de la reina. Lamió, mordió, apretó y acarició; en fin, hizo todo lo que siempre había deseado.

Con su deseo ya plenamente realizado y su líbido satisfecha, Amit se negó a pagarle a Birbal lo que habían convenido; además, se burló de él y se le rió en la cara. Sabía que, naturalmente, Birbal nunca podría contar el hecho al rey. Pero Amit había subestimado al abogado de la corona, hombre de muchos recursos, como todos los de su profesión. Al día siguiente Birbal colocó el mismo líquido en los calzoncillos del rey.



Noche de pasión

Ella está ya medio dormida en la cama cuando escucha llegar a su marido del trabajo y siente cómo es acariciada levemente, casi de manera furtiva, recorriendo suavemente la periferia de su cuerpo, y siente cómo su cuerpo reacciona inmediatamente a las caricias, el marido toma sus manos y las recoge, mete una de sus manos por su espalda y llega atrevidamente hasta sus redondeces. En ese momento ella está ardiendo, jadeante y deseosa, entonces sus piernas son abruptamente levantadas, la mujer siente que la pasión perdida por años ha regresado y nota cómo su hombre recarga sobre ella todo su peso, siente en su nuca el aliento cálido de él, ella levanta las caderas, separa e inclina sus piernas y se dispone a ser tomada cuando, de pronto, su marido suelta sus piernas, gira sobre sí mismo y se acomoda en su lado de la cama. La mujer, atónita y respirando entrecortadamente, pregunta qué pasó. Él responde:

-¡Ya!

-¿Ya qué, grandísimo cabrón?

-¡Ya duérmete, mi cielo, que ya encontré el mando a distancia!

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